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Lecciones del gran apagón: hay que actuar ya sobre la red

elPeriódico | | 5 minutos de lectura

Pendientes de la explicación sobre la causalidad del gran apagón del lunes, hay cosas que sí sabemos.

La energía que entra en la red, aportada por las plantas de generación, y la que sale, consumida por la demanda, han de estar en equilibrio. No ha de ser perfecto; pero sí moverse dentro de unos umbrales. Lasleyesdelafísicaloimponen.

Una detallada planificación y mecanismos de ajuste reglamentados ante incidencias, con un control muy complejo por el operador del sistema, Red Eléctrica, tienen como objetivo que la onda que forma la corriente dentro de la red se repita 50 veces por segundo, frecuencia de 50 hercios (Hz). La frecuencia nos la explican a los no ingenieros con la imagen de una bicicleta tándem, en la que los ciclistas equivalen a generadores. Si no quieren caerse, todos han de pedalear con la misma cadencia. Si uno de ellos para, los otros han de aumentar el ritmo de pedaleo para mantener la velocidad, pero la reacción no es automática, transcurre un tiempo.

No sabemos todavía por qué se desconectaron bruscamente 15 gigavatios (GW) que representaban el 60% delconsumo; pero sí sabemos que para evitar lo que pasó a continuación habría sido necesario que los compensaran, inmediatamente, otros generadores. También sabemos que estos son, en definitiva, máquinas que no pueden proveer más potencia o velocidad que la prevista en su diseño. Si se les pide rebasarlos, entran en una situación crítica que los puede destruir y, para protegerse, se desconectan. El tándem cae. Un efecto dominó.

Antes de plantear qué hacer para evitar la repetición de lo sucedido hay que esperar a conocer con exactitud las causas de lo ocurrido. Dada la alta digitalización de la red de transporte, la sofisticación del centro de control (Cecoel) y el empeño del Gobierno, las conoceremos. Sin embargo, no es preciso esperar para afirmar que cuanto la red más mallada sea, esto es, con más interconexiones, y más digitalizada esté, más ciclistas se podrán incorporar y más rápido lo harán en caso de necesidad. Y aquí queda trabajo por hacer.

Aumento de inversión 

Mientras la producción con renovables está cumpliendo muy bien los objetivos del Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) 2019-2030, no ocurre lo mismo en el almacenamiento (hidráulico o con baterías) que sería otro ciclista para asegurar el tándem. Tampoco en redes, cuyos déficits impiden el desarrollo del almacenamiento y frenan que la demanda crezca: desde los puntos de recarga de vehículo eléctrico hasta la electrificación de industrias. El porqué de lo anterior lo conocemos, al menos en parte.

La inversión prevista en el PNIEC es 2,4 veces la que autoriza el tope legal vigente sobre el PIB (0,065% para transporte + 0,13% para distribución). El tope se ha de alinear con las necesidades previstas y no al revés. Para que este aumento de inversión no dispare el coste de la energía para los consumidores, hay que invertir, sobre todo allí donde permita nuevos consumos que van a generar ingresos, los denominados peajes de nuestra factura de luz, que compensen la inversión: esos puntos de recarga, esas industrias que quieren electrificar. Es lo coherente con el principio clave de la ley del sector eléctrico de «realización de la actividad al menor coste para el sistema». Lo cual se cumple, en lugar de poniendo más cables, incentivando su digitalización para hacer un uso más eficiente de la red existente. También ayudaría revisar las limitaciones que, reglamentariamente, reducen en hasta el 50%la capacidad que el fabricante reconoce a su cable. Como si por un tubo que admite 100 litros por segundo no dejamos pasar más de 50.

Igualmente,serviríaalobjetivo el dar uso público, con la compensación adecuada, a las redes privadas constituidas por miles de kilómetros de líneas de evacuación de plantas renovables, construidas por sus promotores que, en el mejor de los casos, se utilizan 1800 horas al año. Una industria a solo 50 metros de ese cable hoy tendría que pagar el tendido de kilómetros, que pueden ser muchos, que la separan de la subestación de red pública más próxima.

Podemos añadir algún apunte más: reducir elperiodo de la planificación vinculante de la red de transporte, que es de seis años, a, por ejemplo, tres, como en la de telecomunicaciones y agilizar el procedimiento para introducir modificaciones. La regulación es como un contenedor en el que viajan la tecnología disponible y los condicionantes económicos para dar el mejor servicio al interés general. En este caso, la seguridad del suministro.

En lo que ha pasado no hay tecnologías buenas, las convencionales, y malas, las renovables. Ni al revés. El lunes por la tarde recuperé un viejo transistor con pilas y fuede gran ayuda. «Cosas veredes, Sancho, que no crederes», que diría don Quijote. Pero no por eso voy a llevarlo siempre en el bolsillo y darme de baja del móvil. Averigüemos qué sucedió, aprendamos de lo sucedido y lo que ya podemos hacer hagámoslo rápido.