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La paradoja de Polanyi

suplemento Dinero de La Vanguardia | | 5 minutos de lectura

Imaginemos que salimos ala calle y encontramos a un amigo a quien no hemos visto en veinte años. Estámuchomás delgado, calvo ylleva barba. Ha cambiado. Pero cruzamoslamirada y¡lo reconocemos! No sabemos por qué. Su aspecto esmuy diferente, pero sorprendentemente sabemos que es nuestro amigo. No podríamos escribir un conjunto deinstrucciones para que alguienmás, o unamáquina,lo reconozcan. Esla paradoja de Polanyi (propuesta por el filósofo húngaroMichael Polanyi):los humanos somos capaces de hacer cosas que no sabemos explicar. Disponemos de conocimientomás allá de nuestra comprensión explícita. De hecho, reconocemos patrones porque, de unmodo u otro, se han grabado en nuestro cerebro.Miramos al cielo ylo vemos azul, pero... ¿podríamos explicar a una persona ciega qué es el color azul? Lainteligencia artificial (IA) es una nueva generación de sistemas deinformación que operan bajola paradoja de Polanyi.Hacen cosas que no saben explicar.Reconocen patrones y realizan predicciones a partir de su experiencia. En un sistemainformático clásico, un programador humano, en unlenguaje comprensible por unamáquina, programa un conjunto deinstrucciones. Lamáquina ejecuta exactamente aquello que el humanole ha ordenado que haga. Pero enla IA esto no es así. La IA aprende de su experienciainterpretando datos.Acumula conocimientomás allá delo codificable y delasinstrucciones humanas. El resultado esla capacidad de reconocer patrones: reconocer objetos captados por una cámara, reconocer caras (el sistema sabeque eres tú), reconocer textos, reconocer y sintetizar voz (Alexa es eso), reconocer y predecir resultados económicos, reconocer y aprender pautas de conducción ointerpretarimágenesmédicas. La IA actúa comocaja negra: no hace falta que comprendalos fenómenos internos. Induce resultados a partir dela experiencia. Por ejemplo, antes de quela comunidad científica comprendiera el desarrollo dela covid, una IA podía predecirla evolución de un paciente habiendo analizado series de datos de pacientes previos. ¿Dónde está ellímite dela IA? En el 2016, el algoritmoAlphaGo (desarrollado por una start-uppropiedad de Google) batió al 18 veces campeón del mundo de go, el coreano Lee Sedol. El go es unjuego oriental de estrategiamuchomás complejo que el ajedrez. El tablero tiene 19x19 cuadrículas (el ajedrez tiene 8x8). Losmatemáticos han calculado que existenmás variantes dela partida que átomos en el universo. Ningunamáquina es capaz de analizar, por fuerza bruta computacional, todaslas posiciones de unjuego de go y escogerlamejor. EnAsia,los grandesmaestros de go son considerados artistas, personas virtuosas al nivel de poetas,músicos o pintores. Tienen un don natural: una poderosaintuición estratégica.Y no saben por qué. Operan bajola paradoja de Polanyi: su experiencia y sus procesosmentales les confieren uninstinto superior.

Lee Sedol fue batido por un algoritmo quele venció con unmovimiento sorprendente.Tan anómalo que fue consideradoinicialmente un error, pero que se reveló a posteriori como unajugada virtuosa, elegante y bella.Hay belleza en una buena estrategia.

Laintuición estratégica artificial deAlphaGo aplastó elinstinto anticipativo del campeón humano. Un año más tarde, una versiónmejorada del programa (AlphaGo Zero), que aprendió de forma autónoma a jugar a go, sin ningunaintervención humana (no había conocimiento humano en el algoritmo), venció aAlphaGo por 100 a 0.Hoy, campeones dejuegos de estrategia se entrenan contra algoritmos para aprender a enfrentarse amovimientos no humanos. La creatividad yla estrategia surgen dela experiencia acumulada y delas asociacionesmentales. En lasmáquinas, de datos y conexiones. De hecho,la IA se soporta en circuitos electrónicosinspirados en el cerebro,llamados redes neuronales. Steve Jobs aludía al famoso “connecting the dots” (conectarlos puntos) como base de suinspiración creativa. Se refería a datos einformación conectada comomotores de creatividad. Sinpuntosprevios no hay asociaciones creativas posibles. La creatividad emerge de información conectada. El cerebro funciona como unamemoria electrónica:mientras vivimos, grabamos físicamente nuestros recuerdos (información) en clústeres neuronales.Cuando buscamos soluciones, accedemos conscientemente a esos clústeres. Si ahí no estála solución, nuestramente racionalinsiste en rastrear zonas dememoria donde se almacenainformación relacionada con el problema. Pero, amenudo, el flash creativo se produce enmomentos de desconexión (paseando, conduciendo). Son instantes de relax, cuando nuestro cerebro selibera y permite que se conecten zonas dememoria previamente no relacionadas. Losmomentos creativos sonmomentos de conexión neuronal no convencional. Los sueños, pensamientos aberrantes, son conexiones aleatorias e inconscientes de pedazos deinformación dispersa en el cerebro.Al despertarnos, nuestras neuronas se reconectan y generan chispas creativas. El eureka de la duchamatinal tiene base científica. La creatividad ylaintuición estratégica son resultado del productodatos x conexiones. Lasmáquinas yamuestran signos de generación de creatividad y estrategia. ¿Qué ocurriría siincrementásemosla cantidad de datos yla densidad de conexiones? Sabemos que, en el cerebro, emergela conciencia.Y dela conciencia, el pensamiento abstracto. ¿Esla conciencialamáxima expresión dela creatividad, que aparece cuando aumentamoslos datos ylas conexiones en unamáquina bioquímica o de silicio? ¿Qué pasará cuando desarrollemos un ordenador conmayor densidad de conexiones que un cerebro humano? Nuestro cerebro, un supercomputador biológico resultado demillones de años de evolución, dispone de unos 100.000millones de neuronas.Hacia el 2040 tendremos computadores con densidades de conexión superiores a un cerebro humano. ¿Generarán dichos sistemas conciencia? ¿Se darán cuenta de que existen?Y si es así, ¿deberán ser considerados seres vivos? Nos esperan tiempos apasionantes enla frontera entrela tecnología yla filosofía.