La nueva gobernanza económica europea
Estos días se cumplen dos años del Consejo Europeo que dio pie al Banco Central Europeo a asegurar que hará lo necesario para salvar al euro. Fue durante ese mes de junio cuando las autoridades europeas decidieron avanzar hacia más integración financiera, fiscal, económica y política.
Co-autor del artículo: Wojciech Golecki, economista, miembro de Con Copia Europa
Estos días se cumplen dos años del Consejo Europeo que dio pie al Banco Central Europeo a asegurar que hará lo necesario para salvar al euro. Fue durante ese mes de junio cuando las autoridades europeas decidieron avanzar hacia más integración financiera, fiscal, económica y política.
Este doble compromiso institucional por garantizar la inquebrantabilidad de la unión monetaria sentó las bases para la relajación de los costes de financiación de las economías periféricas. Hasta ese momento, cada Estado Miembro supervisaba a la banca en su territorio y era quien debía proveer el rescate de la misma en situaciones extremas.
En este contexto, mientras el Estado y la banca se mantuviesen conectados directamente, Estados de distinta credibilidad empujaban a la diferenciación de los sistemas bancarios nacionales y por ende, al trato financiero heterogéneo a empresas dentro de la Eurozona en función de su país de origen. Así, unión bancaria, prácticamente asentada, supone encomendar a instituciones europeas la responsabilidad por la aplicación homogénea en la Eurozona de la nueva regulación bancaria para, por un lado, prevenir mejor los problemas y, por otro, en caso de ocurrir, mejorar su gestión, eliminando el sesgo nacional.
La responsabilidad por la supervisión de las normas prudenciales se encomendó a la credibilidad y prestigio del BCE y la responsabilidad por la homogénea aplicación de las normas de resolución bancaria se entregó a una nueva Junta Única de Resolución, con acceso a un Fondo Único de Resolución, financiado por la propia industria bancaria europea.
Supervisor único
El BCE empezará a ejercer como supervisor único en noviembre de 2014. Antes, llevará a cabo una evaluación global que identifique y calibre los errores de supervisión de sus predecesores. A su vez, la Junta y el Fondo iniciarán sus funciones una vez estos problemas hayan sido saneados, entre 2015 y 2016.
La última innovación institucional, en este sentido, será permitir al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) recapitalizar directamente a entidades bancarias. Hoy por hoy, reforzará, como un instrumento adicional, la credibilidad del sistema euro pero, debido a que las nuevas reglas de rescate y resolución bancaria intentan maximizar la contribución privada, tendrá una aplicación limitada y excepcional.
En general, durante esta última legislatura, la Unión Europea se ha re
formado más que cualquiera de sus Estados Miembros. El rápido avance en la unión bancaria y un refuerzo de la cooperación económica y fiscal fue acompañado de un esfuerzo fiscal a nivel nacional, en especial en sus países periféricos. Todo ello lograba atraer a inversores que buscaban altas rentabilidades en un contexto de elevada liquidez global y de la existencia de dudas sobre las emergentes.
La tendencia bajista en los costes de financiación se mantendrá si se mantiene la consolidación fiscal a nivel nacional, la confianza en la irreversibilidad de la unión monetaria, el flujo desde los países emergentes, la relativamente atractiva rentabilidad y, por supuesto, el volumen global de liquidez actual.
Aunque estos elementos contribuyen a la estabilidad de la Eurozona, a la vez, podrían provocar que la rentabilidad baje por debajo de lo compensable. También pueden aparecer nuevas variables a considerar, como los resultados de las elecciones europeas que podrían comprometer esta tendencia.
Estos resultados incrementan la probabilidad de revertir la senda de reformas y de consolidación fiscal a nivel de los Estados miembros y la reversión del proceso de integración europea. Ambos riesgos juntos promovieron el pánico en 2012. A medida que crezca la probabilidad de que las nuevas fuerzas políticas antieuro (e incluso antieuropeas) influyan, o tomen control de las agendas (digamos, que lleguen a dominar la Asamblea Nacional francesa o el Parlamento heleno) estos miedos pasados irán despertando.
Europa debe enfrentarse a ellos antes de que empiece a anticiparlos el mercado y, aunque parezca paradójico, la forma de hacerlo pasa por acelerar la integración.
Una integración acompañada de legitimidad democrática responde a los grandes problemas de la UE y que exacerban el euroescepticismo: mayor seguridad ante la globalización, más empleo y crecimiento provisto por un mercado único ampliado a nuevos sectores y menos incertidumbres sobre el compromiso con la unión, a la vez que un mayor sentimiento de control sobre sus vidas por parte de los ciudadanos. En este sentido, la reforma fiscal propuesta estos días por el Gobierno deberá dejar muy patente que el déficit público continuará reduciéndose.