La carta del gas
Vladímir Putin tiene pocos instrumentos a su alcance para presionar a los europeos. Necesita conseguir que reduzcan su apoyo a Ucrania, expresado en forma de ayuda militar, un rosario de sanciones de distinto tipo y, ahora, a través del gesto excepcional de ofrecerle el estatus de país candidato a la UE. La mejor carta de Moscú es sin duda cortar las exportaciones de gas, dada la alta dependencia europea y la dificultad de diversificar este suministro de modo rápido y suficiente. Es muy posible que Putin dé este paso en breve. Tendría costes altos para el gigante energético Gazprom y para las finanzas públicas rusas, pero el dictador está dispuesto a sacrificar casi todo con tal de conseguir sus siniestros objetivos bélicos.
Las instituciones europeas han dejado de pensar que estamos ante un conflicto de duración corta y consecuencias económicas asumibles. Preparan estos días de forma urgente legislación que facilite la acumulación de una reserva de gas con la que pasar el invierno de 2023. Bruselas se propone mantener la mayor unidad posible en la respuesta a este chantaje por parte de los 27 Estados miembros. Alemania, por su parte, ya está al borde de la declaración de una situación de emergencia, que podría llevar al racionamiento de gas y a que se tripliquen los precios que paga el consumidor final. Los liberales, el partido más pequeño de la coalición de Gobierno, reclaman alargar la vida de las tres centrales nucleares aún en funcionamiento. También, permitir la técnica del 'fracking' para extraer combustibles fósiles, a pesar de sus contraindicaciones ambientales. El uso del carbón está creciendo en Alemania y en más países europeos en un momento en el que la lucha contra el cambio climático no puede permitirse ningún retroceso.
No hay una solución fácil para salir al paso del ataque ruso a la economía europea. La tormenta perfecta en la que entramos en la segunda mitad de 2023, con disminución del crecimiento y alta inflación persistente (la mitad de ella, causada por los precios de la energía), va a hacer todavía más difícil la navegación.