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Gobernar por decreto

Ayer mismo un renacido Barack Obama lanzó su plan para frenar la deportación de más de cinco millones de ilegales residentes en USA, inmigrantes hispanos en su gran mayoría.
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Ayer mismo un renacido Barack Obama lanzó su plan para frenar la deportación de más de cinco millones de ilegales residentes en USA, inmigrantes hispanos en su gran mayoría. A base de medidas ejecutivas, el presidente protegerá durante el resto de su mandato a aquellos con lazos familiares y enraizados en el país. Obama se ha subido al púlpito para responsabilizar al Congreso de bloquear su intento de reforma de la inmigración, un empeño imprescindible desde un punto de vista moral tanto como económico. Con esta declaración de guerra a la pujante mayoría republicana, Obama trata de volver a presentarse como ajeno a la política miope de Washington y retorna a a dar discursos y mítines.

Hoy en la Escuela Del Sol en Las Vegas comenzará la última campaña y buscará la foto con esos hijos de los inmigrantes que sostienen la prosperidad de Nevada. La respuesta de los republicanos más radicales no se ha hecho esperar: Ted Cruz ha calificado la amnistía como propia de un monarca que no acepta los pesos y contrapesos de la Constitución y ha apuntado que retirarán la financiación de las agencias federales que deban aplicarlas. Muchos de sus correligionarios son más cautos. Sin el voto hispano no recuperarán nunca la presidencia, algo que advierte una y otra vez Jeb Bush, hijo y hermano de presidente, también presumible contendiente en las primarias republicanas e hispanohablante.

El otro gran «round» al que el presidente Obama parece destinar sus escasas energías es la consecución de los acuerdos de libre comercio e inversiones con el área del Pacífico y el Atlántico. La negociación del primero de estos dos Tratados avanza, mientras que la que nos cubre a los europeos está en mantillas, sin mucho tiempo político para el inquilino demócrata en la Casa Blanca. Ojalá que el atlantismo de los republicanos prevalezca y apoyen un doble pacto con consecuencias económicas muy positivas. Pero, primero, tiene que deshacerse la polvareda que acaba de levantar Obama al echarse sobre la espalda la reforma migratoria.