Europa ante la carrera EEUU-China por la IA
En el Aspen Institute España hemos empezado el curso con David Rennie, editor de geopolítica de The Economist, analizando si Europa puede ayudar a tender puentes entre Estados Unidos y China en la gobernanza de la IA (Tech & Society, sociedad digital y valores humanos, con la Fundación Telefónica).
A pesar de la trascendencia de la cuestión, nada va a afectar más a nuestro futuro inmediato, democracia, mercado de trabajo, oportunidades, desigualdad o seguridad, la IA parece feudo de unos cuantos tech-freaks mientras el debate político nacional y europeo insiste en la antipolítica contraria a la regulación e instituciones que hasta aquí nos han traído.
Pero para eso estamos en Aspen, para juntar conocimiento para la acción y el liderazgo basándonos en valores y principios éticos sólidos, diálogo, pluralidad, diversidad y análisis imparcial y científico. Elementos que sin excepción están en el punto de mira de la vorágine actual.
Sobre la dura competencia internacional en IA de China y EEUU, señala Rennie, tan importante es quién gana la tecnología como quién gana la regulación. Se trata de dos peleas muy distintas y, en contra de lo que pueda parecer, en la segunda también está Europa.
Tampoco es evidente que EEUU y China compitan por lo mismo. Aún es pronto para saber si en esta contienda el ganador se llevará todo como ocurrió en la carrera por la bomba atómica, ganada por EEUU, que provocó que el mundo se postrara a sus pies a partir de 1945; si se trata de una carrera como la de internet en la que una potentísima herramienta al alcance de todos servirá para transformar el funcionamiento de todo lo imaginable hasta ese momento; o si se trata de un invento como la electricidad y la dinamo que tardó décadas en ser asimilado por la industria y la sociedad global.
Así, nos explicó Rennie, mientras que los EEUU de Donald Trump la consideran una carrera similar a la nuclear del Proyecto Manhattan que les permitirá imponer normas y su modelo social al resto del mundo, China lo asimila más a la revolución de internet, y la Unión Europea (UE) a una transformación estructural como la que supuso la electricidad.
Esta perspectiva es la razón por la que la Administración Trump considera imprescindible contar con capital y energía ilimitados, eliminando cualquier tipo de regulación que entorpezca su desarrollo, también de seguridad. Ello exige que todo lo referente a los chips –semiconductores, materiales, algoritmos, inversiones– quede bajo el control de EEUU, que ofrecerá al mundo sus descubrimientos a cambio de que acepte determinados valores como hizo Eisenhower en 1953 con el Atoms for Peace Program, cuando brindó a muchos países seguridad nuclear y un programa civil bajo control americano. Ello implica aislar a China vendiéndole sólo semiconductores de bajo nivel para conseguir que sea adicta a la tecnología estadounidense.
¿Y Europa? En el Gobierno de EEUU se desconfía profundamente de la UE porque, tal y como el vicepresidente Vance ha reconocido, las normas europeas condicionadas por el principio de precaución pueden hacer que pierdan la carrera “siendo esclavizados por China”, lo cual significaría el fracaso de su proyecto nacionalista y tecnoanarquista. Por ello la woke Europa, con su modelo migratorio y su regulación contra el discurso de odio, es mucho más peligrosa que Rusia. A Europa el modelo bomba nuclear no le sirve porque viene con una fuerte carga de valores y principios cada vez más alejados de los que una vez compartió con EEUU, y porque no deja de ser America first.
China, por el contrario, no lo ve así. China cree que puede ganar quedando segunda si logra difuminar tecnología barata de IA por todo el mundo. Por ello se ha marcado como objetivo que en 2027 la IA sea un elemento básico en todo, construyendo una “sociedad inteligente en la que humanos y maquinas colaboren”. Un modelo que tampoco interesa a Europa porque no será muy distinto del actual con controles de todo tipo en internet, sin libertad –Chat GPT está prohibido–, y en el que todas las aplicaciones que recomiendan conceptos, y explican o proponen alternativas están intervenidas y censuradas y sirven a la propaganda oficial, que no atiende a valores universales democráticos.
Europa tiene que construir su propia agenda e instrumentos para generar una tercera vía entre la sumisión y la rebelión contra EEUU. Llegar primero no implica ganar la carrera, y esa es la oportunidad para la UE si es capaz de desarrollar una regulación para la IA centrada en las personas que requiere confianza pública. Europa solo tiene esa opción, todo un desafío porque China marcará el suelo de costes mientras que los rendimientos y el capital implicado serán estadounidenses, con ambos compitiendo desde sus respectivos valores. Como europeos tenemos que entender que hay que pagar un precio para mantener ciertos principios porque la IA va a entrar en todo –libertades, mercado de trabajo, conquista del espacio, biología, armamento...–, que exige actuar.