Es urgente esperar
La advertencia flemática del historiador británico parece haber sobrevolado la cumbre de Bruselas, que hoy cierra un buen año de integración europea, en comparación con los anteriores. La UE entra en bonanza económica, pero sigue divida en dos ejes, Norte-Sur en cuestiones relacionadas con el euro, y EsteOeste, en temas migratorios. El Brexit notificado a final de marzo no ha desunido a los 27 Estados miembros. Es el Gobierno de Londres el que afronta incertidumbres y luchas internas, y siente cómo el tiempo corre en su contra, con un parlamento que se desmarca de cualquier posibilidad de ruptura traumática.
Tras este cónclave de diciembre, se preparan nuevos pasos para afianzar la moneda común, a los que hay que sumar los pequeños avances en defensa anunciados hace un mes. El asunto más delicado por pactar es la gestión de los flujos migratorios, a partir del difícil equilibrio entre la solidaridad que reclama Berlín, y el respeto a la identidad nacional de cada socio, una idea promocionada por el polaco Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo. Tras la multiplicidad de crisis, la gestión del poder europeo depende de las capitales nacionales y ninguno de los dirigentes de los cuatro países grandes está todavía en disposición de invertir para renovar la agenda de Bruselas. Angela Merkel no ha conseguido formar gobierno desde las elecciones de septiembre, aunque se descarta que no obtenga un cuarto mandato. Emmanuel Macron ha hecho propuestas sustantivas para fortalecer la integración, siempre en consulta con la canciller, pero antes tiene que conseguir que sus reformas domésticas den resultado. Paolo Gentiloni se enfrenta a unas próximas elecciones que podrían enviarle al banquillo y en las cuales los populismos a su izquierda y derecha aspiran a aumentar sus cuotas de influencia. Mariano Rajoy está pendiente del 21 D para dejar atrás lo peor de la crisis territorial y poner en valor los buenos datos económicos de España. Es urgente esperar.