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El virus de la democracia directa

Los referendos se contagian y producen pesadillas, como las primarias americanas de ahora mismo, peor cuanto más directas por la pequeñez del Estado. Son un campo abonado para el galleo, la polarización
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Los referendos se contagian y producen pesadillas, como las primarias americanas de ahora mismo, peor cuanto más directas por la pequeñez del Estado. Son un campo abonado para el galleo, la polarización. Es la «escalada a los extremos» de Clausewitz en versión desarmada. Si Marine Le Pen llega al poder aspira a imitar a David Cameron y plantear un «Frexit»: rebajar el compromiso de Francia con la Unión Europea, para someter a referéndum la permanencia o salida de su país. Hungría, Polonia o Dinamarca podrían ser los siguientes. En vez de confiar en la democracia representativa, la forma más avanzada de organización política, los populistas -e incluso un elitista como el británico- recurren a mecanismos de democracia directa sobre cuestiones en las que el resultado más probable es una mayor división de la sociedad.

Los referendos los carga el diablo, como se sabe en Dinamarca, Irlanda, Francia u Holanda, en los que se han votado sobre reformas europeas cuando el debate real era otro -la inmigración, el multiculturalismo, la identidad frente a la globalización, etc-. Es muy importante que el grado y la intensidad de la integración europea -qué políticas se deben gestionar a nivel europeosea algo que decidan los ciudadanos. Si no, la Unión asediada por las malas noticias económicas y la crisis de refugiados nunca ganará en aceptación social y se irá deshilachando. Pero los referendos con preguntas simples sobre asuntos muy complejos tienden a producir resultados insatisfactorios.

Favorecen a los más capaces de pintar con trazo grueso e invocar miedos para obtener ganancias particulares. El martes los ministros de Asuntos Exteriores de los seis países fundadores de las Comunidades se reunían en Roma para hablar de unión política. Al mismo tiempo, sus representantes preparaban en Bruselas un borrador para complacer al Reino Unido, en el que se dice que el gran objetivo de una «unión cada vez más estrecha», el pórtico a los tratados de la Unión Europea, no equivale a integración política. Donald Tusk ya lo ha advertido citando al historiador inglés Toynbee, las civilizaciones no desaparecen por asesinato, sino por suicidio.