El diablo del referéndum
A menos de setenta días para el referéndum, David Cameron, que lleva el peso de esta campaña favorable a la UE, ha perdido el aura de ganador en sus filas. El primer ministro vive intensamente al día, hoy es Panamá y mañana Dios dirá. Con la consulta ha desatado la caja de truenos en su partido para conjurar la tormenta del UKIP, como era de presumir.
En cambio, los partidarios de la salida han enmarcado el debate sobre Europa desde las preguntas sobre identidad nacional e inmigración en vez de economía y empleo y han conseguido que la representación oficial en los debates la ostente el grupo más moderado de los que abogan por el «Brexit». Son conservadores cercanos a Cameron, incluidos cinco de sus ministros. Será el popular Boris Johnson junto a Michael Gove, que ocupa la cartera de Justicia, en vez del disparatado Nigel Farage y sus nacionalistas ingleses, los que den voz al argumento de que fuera de la UE se vive mejor.
La alternativa a quedarse en la UE es la incertidumbre, pero las instituciones de Bruselas atraviesan un momento complicado, en medio de múltiples crisis. Un síntoma de que la moral está por los suelos es la decisión de incrementar el presupuesto de la Comisión para comunicar mejor, como si el problema fuera tan superficial.
Los anti-europeos británicos aprovecharán las elecciones locales a principios de mayo para impulsar su campaña. El líder laborista, Jeremy Corbyn ha decidido apoyar la permanencia, forzado por los moderados de su partido, pero sus declaraciones pasadas contra el Tratado de Lisboa y el mercado interior son difíciles de ocultar. La figura providencial que fue Gordon Brown en el referéndum escocés no aparece. Tal vez el solemne discurso pro-europeo de Barack Obama ante el parlamento de Westminster a final de mes pueda servir de revulsivo para aglutinar a los que quieren seguir en la Unión Europea. Las fantásticas dotes de comunicación del presidente de EEUU menos interesado en el proceso de integración del continente es la mejor carta que les queda.