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Discreto artificio

Ahora que hemos celebrado 400 años de la muerte de Cervantes, he recordado que la lectura de El Quijote me hizo pensar en los límites de la ficción literaria.
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Ahora que hemos celebrado 400 años de la muerte de Cervantes, he recordado que la lectura de El Quijote me hizo pensar en los límites de la ficción literaria. De hecho, la tragedia del protagonista es que "del mucho leer se le secó el cerebro, de manera que vino en perder el juicio" (capítulo 1).
Los libros que lo hacen enloquecer son los libros de caballerías. Y sin embargo, en el capítulo 47 Cervantes desgrana pros y contras de este género literario. Por una parte, los alaba cuando presentan de manera realista personajes con varias virtudes: por ejemplo "... pintando un capitán valeroso con todas las partes que para ser tal se requieren, mostrándose prudente previniendo las astucias de sus enemigos, y elocuente orador persuadiendo o disuadiendo a sus soldados, maduro en el consejo, presto en lo determinado, tan valiente en el esperar como en el acometer...". Por otra parte, critica estas obras cuando presentan hechos completamente imposibles: una torre llena de caballeros que se desplaza como una nave y viaja en una noche de la Lombardia a las Indias; o un solo caballero derrotando a un millón de enemigos, o una emperatriz cayendo rendida a los brazos de un caballero desconocido. Son relatos "ajenos de todo discreto artificio".

Creo relevante preguntarse por los límites de la ficción. Porque todas las narraciones (realistas o ficticias en lo que narran) tienen siempre efectos reales en nuestras mentes: consciente o inconscientemente, pueblan nuestra imaginación de paisajes, personajes, situaciones, virtudes/vicios, ideas y valores. Y así alimentan nuestras conductas. Por eso, las narraciones "ajenas de todo discreto artificio" pueden estar fomentando personalidades que diluyan los propios límites físicos: olvidando que con una escoba no nos elevamos ( con perdón de Harry Potter) o que con un fusil no se matan mil soldados (con perdón de Rambo). O tienden a hacernos creer que podemos ser instantáneamente convincentes con amigos, parejas o seguidores. Pero al final, el encuentro real con el mundo físico y con los otros puede generarnos una gran frustración.

Ciertamente: la ficción inspira virtudes y anima a mejorar la realidad. Pero no tendría que llevarnos a confundir molinos de viento con gigantes y la lanza con el arma apropiada para vencerlos:¡el porrazo será terrible!