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Devorado por la revolución

Los republicanos tradicionales se alegran de la caída en desgracia de Steve Bannon
Abc | | 2 minutos de lectura

Al convertirse en el director de estrategia de la Casa Blanca, Steve Bannon creyó por unos momentos que controlaba a Donald Trump. Pensaba que el nuevo presidente le debía el puesto, gracias a sus feroces ataques a Hillary Clinton. Solo él era capaz de articular una visión política desde la ultraderecha para dar algún sentido a las erráticas declaraciones de su jefe. En verano, un nuevo director de gabinete del presidente, el general John Kelly, fue llamado a poner orden en un entorno caótico, y enseguida pidió la cabeza de Bannon.

Trump accedió, incómodo con la notoriedad de Bannon y su reputación creciente de ser el cerebro en la sombra. De vuelta al activismo político, ha apoyado a diferentes candidatos republicanos en elecciones primarias, supuestamente para fortalecer la línea populista y nacionalista de la Casa Blanca. Pero el mismo día que dejó su puesto, Bannon había anunciado que la presidencia por la que luchó ya no existía. Hace poco había cifrado las posibilidades de reelección del presidente en 2021 en un 30%. Esta semana sus declaraciones en el nuevo libro de Michael Wolff, «Fuego y Furia», han hecho que el presidente salte sobre él y lo destroce, figurativamente hablando. El exestratega afirma que la reunión con emisarios rusos de Trump junior fue estúpida, una traición y un acto antipatriota. Sobre su antiguo jefe aclara que «entiende lo que llega a entender». El presidente ha emitido una nota declarando que Bannon ha perdido la cabeza tras el despido y que ya no tiene nada que ver con él. Su especialidad, detalla el texto, es crear noticias falsas y darse una importancia que no tiene. Los republicanos tradicionales se alegran de la caída en desgracia de Bannon -la revolución siempre devora a sus propios hijos. Siguen, no obstante, en alerta por la falta de serenidad del presidente -muchos abiertamente hablan de problemas de equilibrio mentalpara abordar distintas crisis internacionales. A lo largo de 2018 es probable que alguna de ellas derive en un conflicto y entonces los excesos de Bannon nos parezcan un juego de niños.