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¿Davos: capitalismo o sostenibilidad?

Expansión | | 5 minutos de lectura

Siempre me ha llamado la atención el Foro de Davos, tanto por lo que significa como quiénes asisten. Cuando pienso en este Foro, lo primero que me viene a la cabeza es capitalismo. Su origen era poder discutir cuestiones de interés para la empresa tanto de gestión como de economía. Los asistentes eran líderes de compañías de países distintos. Con el tiempo, el éxito de Davos como reunión de alto nivel ha supuesto la inclusión de líderes en otros ámbitos, como gobiernos, instituciones públicas, sociedad civil y académicos. Por ello, la temática ha ido evolucionando hacia temas mucho más diversos, y uno de los que ha ido tomando fuerza durante los últimos años es la sostenibilidad, y más concretamente, el cambio climático. En el campo de las finanzas, el acrónimo para identificar este enfoque es ESG (medio ambiente, environment en inglés, social y gobernanza).

El programa de Davos va cambiando cada año y la agenda siempre viene marcada por los temas que más preocupan a las personas poderosas y los que les van a generar mayores beneficios. El año pasado fueron las criptomonedas y la guerra de Ucrania, este año la inteligencia artificial y el conflicto en Oriente Medio y una nueva Presidencia de Donald Trump. Cambio climático y ESG parecen haber sido relegados. Es muy difícil competir con las crisis que surgen a corto plazo y la necesidad de crear valor para el accionista.

En la última década, ESG ha estado en la agenda de toda la actividad empresarial. Vamos a analizar un par de situaciones que ejemplifican cómo se va modificando la agenda y las prioridades de los directivos de las grandes corporaciones: Blackrock (la gestora de activos mayor del mundo) y ExxonMobile (una de las mayores petroleras).
En el verano de 2019, la asociación de grandes corporaciones norteamericanas, Business Roundtable, anunció a bombo y platillo la modificación del propósito de las empresas. Hasta entonces el foco era la creación de valor para el accionista, y las teorías de gestión y financieras se fueron desarrollando en esta dirección.

El nuevo propósito pasaba por ampliar la creación de valor para un grupo más amplio que los accionistas: los empleados, los clientes, los proveedores, la sociedad, los gobiernos. Larry Fink, director general de la mayor gestora de activos del mundo, que gestiona más de 10 trillones de dólares (10 billones de dólares según nuestra forma de medir, diez millones de millones), anunció en 2020 que su empresa modificaba la filosofía de inversión y se orientaba a las empresas con un propósito más amplio, sobre todo en el ámbito ESG. Tres años más tarde ha claudicado parcialmente en su posicionamiento tras enfrentamientos con los estados más conservadores de Estados Unidos que no están de acuerdo con las prácticas ESG. Por ejemplo, Texas o Louisiana, entre otros, se han negado a realizar negocios con Blacrock.

A raíz de estas dificultades, la gestora sigue posicionándose como defensor del cambio climático, pero ha determinado que este año 2024, en su filosofía de inversión, lo más importante para las empresas es aumentar su fortaleza financiera ante la situación de incertidumbre existente. De alguna manera en el ranking de prioridades el rendimiento de la inversión prevalece sobre el impacto en alguna de las áreas ESG.

Activismo inversor

Los inversores activistas conforman un grupo que, al invertir un porcentaje específico del capital en una empresa, busca desempeñar un papel más proactivo para asegurar que los ejecutivos diseñen estrategias en beneficio de los accionistas. La industria petrolera se encuentra en el centro de la atención de inversores activistas especializados en ESG, generando desacuerdos notables sobre la rapidez con la que se debe reducir la producción de petróleo y gas. En el año 2021 ExxonMobil experimentó una campaña agresiva liderada por el inversor activista Engine No.1, respaldado por BlackRock, logrando colocar miembros en el consejo de administración e influir en las decisiones ejecutivas, especialmente en la transición hacia las energías más limpias. A principios de año, ExxonMobil ha interpuesto una demanda para frenar a un nuevo grupo activista, Follow That, con el fin de evitar una aceleración en la reducción de gases de efecto invernadero.

Se presentan dos escenarios distintos, pero conectados por la misma problemática: el cambio climático, un tema de largo alcance con consecuencias que, lamentablemente, no se manifiestan de manera inmediata tras las iniciativas implementadas hoy. La complejidad radica en que los directores generales de las grandes corporaciones operan bajo mandatos y recompensas a corto plazo, con períodos de menos de cuatro años.

Estas corporaciones, que poseen un potencial impacto significativo, cuentan con líderes que son actores destacados en las reuniones del Foro de Davos. Contrariamente, las empresas familiares, cuyos directores tienen horizontes temporales mucho más extensos, superando los veinte años, siguen una gobernanza que incentiva decisiones de largo plazo. Esto les permite preservar el patrimonio de la empresa, la sociedad y el entorno para las futuras generaciones. Las empresas familiares no están en Davos.