Cambios en la bolsa
Los cambios que se están produciendo en la bolsa exigen una pregunta previa: ¿dónde colocar los ahorros cuando la banca paga menos por los depósitos a dos años? La banca española tiene que hacer frente a una caída de los tipos de interés, y no puede remunerar los depósitos bancarios como lo hacía cuando los tipos de interés eran más altos.
Algunos bancos ofrecen depósitos mixtos, una parte a tipo fijo y otra, según las entidades, a tipo variable pero condicionado a la rentabilidad futura de determinadas acciones que cotizan en bolsa, siempre que esos títulos ganen sobre el precio inicial.
En pocas palabras, en los últimos meses hemos pasado de los depósitos a plazo fijo a otros en los que aumenta el riesgo con la esperanza de obtener una mayor rentabilidad si las acciones del contrato mejoran. Según la teoría, a mayor riesgo mayor rentabilidad, pero nadie puede asegurar que cuando la bolsa baje no bajen también las rentabilidades esperadas.
Para los pequeños inversores, sin duda, son preferibles las inversiones con rentabilidad asegurada. O bien fondos que garanticen el rendimiento al final de un periodo, que varía según las entidades financieras que los comercializan.
La rentabilidad será menor, pero estarán a cubierto de la incertidumbre, siempre que depositen sus ahorros en bancos reconocidos por el Banco de España o fondos de inversión aprobados por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). En el primer trimestre de este año, los fondos de inversión mixtos han captado el 87% del total del 2013, y entre las principales gestoras figuran las de los dos bancos catalanes, en proporción a su tamaño (el otro banco sigue en venta).
Para los que invirtieron en la bolsa española en el 2013, aparentemente lo mejor son las acciones, porque Ibex 35 ganó un extraordinario 21,43%. Pero la bolsa no tiene memoria y el pasado nunca es una guía del futuro. Y no es bueno confundir los deseos con la realidad y dejarse llevar por las ofertas tentadoras. Porque como escribió Oscar Wilde: "Puedo resistirlo todo, menos la tentación".
Antes de revisar los cambios de la bolsa conviene insistir en la mejor recomendación para acertar en las inversiones en acciones. Y la mejor regla es la que ofreció hace ochenta años John M. Keynes, el mejor economista de todos los tiempos (y de los pocos que ganaron dinero en bolsa, además de los premio Nobel Samuelson y Shiller).
Según Keynes, para operar en bolsa es necesario pensar en sentido opuesto a lo que suelen hacer los que acuden a un concurso de belleza y votan a la candidata más agraciada. Es necesario votar a las que eligen los otros. Es una cuestión de psicología de masas. Cuando cientos de millones miran una gráfica con tendencia alcista pueden reforzar lo que creen ver.
La propuesta puede parecer machista (Keynes no lo era) y no tiene nada que ver con los que pudieran tener información privilegiada. Y ha sido válida en la Gran Crisis y lo sigue siendo cuando los rumores insisten en que Europa puede registrar una caída generalizada de los precios de todos los bienes y servicios, si no lo remedia el Banco Central Europeo (BCE). Es decir, deflación, cuando los consumidores dejan de comprar y esperan hacerlo cuando los precios sean todavía más bajos y las fábricas se ven obligadas a bajar más los precios para poder pagar las nóminas y a los proveedores.
El gobernador del BCE, Mario Draghi, dio confianza a los mercados y las bolsas se recuperaron, pero no se creó empleo, porque muchos bancos compraron deuda pública y aparentemente no encontraron demanda de crédito sano. Ahora podría bajar el paro si el BCE comprara deuda pública y quizás, como hizo la Reserva Federal americana, también bonos y pagarés de empresas privados. Nunca tantos habían esperado tanto de un solo hombre.
Los cambios que describimos son los siguientes. En el 2014 nuestra bolsa ya es global. El 80% de las operaciones en acciones las realizan extranjeros y el 30% de las acciones del Ibex están en manos de fondos internacionales. Cuando abre la bolsa de Barcelona ya se conoce el signo de los futuros sobre acciones de la madrugada de Nueva York. Y a media tarde, al abrir Wall Street, la bolsa de Barcelona registra las operaciones de arbitraje de todo el mundo y la sesión puede acentuar las ganancias o pérdidas.
El sector inmobiliario empieza a salir del marasmo, pero los alquileres bajan y los pisos no se venden al mejor precio ni de un día para otro, mientras que la bolsa de Barcelona es internacional, líquida y eficiente. Todos pueden recuperar lo que invirtieron, pero al precio de mercado. Nunca cerró, ni en los peores momentos de la crisis. Wall Street sí tuvo que hacerlo. El segundo cambio no es menos importante.
Pasó a mejor vida la gestión pasiva de carteras (acciones y obligaciones). En Wall Street y desde el año 2007, la fuerte correlación entre los valores permitió a los gestores invertir por sectores, con ganancias desacostumbradas. Eso terminó en el 2013. Ahora es necesario ir a lo que es específico de cada título, y por eso ofrecen mejores resultados las gestoras que dedican más tiempo al análisis de las compañías.
Lo que importa, de nuevo, son los fundamentales. El análisis gráfico puede ser útil para identificar los cambios de tendencia, pero lo que cuenta es lo más elemental. ¿Cuánto ganará la empresa en los próximos años, y de que caja libre dispondrá para pagar dividendos y seguir creciendo por encima del PIB.
Y ya no vale descontar esos flujos a tasas inferiores al siete por ciento anual. Eso exige viajar, conocer las empresas y saber leer entre líneas las auditorías fiables. Y si son países emergentes o los frontiers (de Brasil a Vietnam), las gestoras deben preguntarse: ¿tienen reservas de divisas suficientes para pagar los vencimientos de la deuda pública de un año y las importaciones de varios meses? ¿Son gobiernos populistas, que enmascaran la inflación con subsidios a los carburantes, en el caso de las petroleras nacionales, como Petrobras en Brasil? Desde luego no es el caso de Ecopetrol en Colombia, que es una de las petroleras menos endeudadas.
El ahorro de las familias españolas se aproxima al valor del PIB. El país se ha empobrecido, aumenta la desigualdad y lo que ha quedado de la larga crisis, después de pagar las deudas, debería gestionarse mejor y prestar más atención a los cambios de nuestra bolsa. De nuevo, larga vida a los factores fundamentales.