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Archipiélago Europa

De no cambiar la política europea el espacio Schengen acabará por fragmentarse
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La peor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial desborda a las fuerzas de policía y satura los servicios de acogida. Tres mil personas al día llegan a las fronteras de la Unión, como era de temer desde el desmoronamiento sucesivo de Irak, Siria y Libia, en esta hora meros Estados fallidos. Al otro lado, gracias al proceso que puso en marcha el acuerdo de Schengen, hay libre circulación de personas, por lo que los recién llegados una vez dentro de la UE buscan trasladarse a los Estados miembros más generosos a la hora de amparar a los asilados políticos.

En Budapest el primer ministro, Viktor Orban, entiende el problema como una cuestión estricta de control de fronteras, con la ayuda del Ejército. En contraste, Ángela Merkel visitó el martes pasado un centro para refugiados en Dresde, en un gesto de amparo oficial hacia estos desheredados, instalados entre ataques racistas y malestar en las poblaciones locales.

También ha decidido que en Alemania el punto de entrada en la Unión no determinará el país en el que se tramita la solicitud de asilo. Junto a François Hollande la canciller ha razonado diferenciar inmigración por causa de la pobreza de los que huyen de morir violentamente, a mano armada. Pero tras el fracaso de la Comisión no se ha atrevido a insistir en un reparto obligatorio de inmigrantes. Es más imposible que nunca poner en pie una estrategia integral europea sobre la inmigración, que empiece por abordar la situación de los países de origen.

Pero de no cambiar la política europea, el espacio Schengen acabará por fragmentarse y una buena parte de la ética de la integración se vaciará de contenido práctico. Solo con Siria y Ucrania el potencial de éxodo de víctimas es altísimo. Ante este amargo rostro de la globalización y las guerras de nuestro tiempo, las medidas no pueden ser sellados de urgencia de los corredores nacionales sin demasiados cumplidos a los derechos fundamentales. Por ahora, la Unión ni siquiera tiene mentalidad de isla, sino de archipiélago, de acceso practicable y fácil navegación interior.