Instituto de Innovación Social

Vivir versus sobrevivir: cuando tener casa no significa tener hogar

Raluca Budian |
Vivir versus sobrevivir: cuando tener casa no significa tener hogar

Hablar de vivienda suele reducirse a una idea básica: tener un techo bajo el que resguardarse. Sin embargo, esta visión resulta insuficiente para comprender la realidad de millones de personas. Tener una casa no siempre significa vivir dignamente. Para muchas personas, «tener vivienda» se ha convertido en una forma de sobrevivir, más que de vivir plenamente. Pero, ¿cómo se conecta con un tema tan cotidiano como la vivienda? ¿Por qué pensar en casas y hogares cuando hablamos de justicia social? La respuesta está en comprender que tener una casa no siempre significa vivir dignamente.

Cuando pensamos en una casa, lo primero que nos viene a la mente es un espacio físico: paredes, techo, una dirección postal. Sin embargo, un hogar implica mucho más: seguridad emocional, estabilidad, pertenencia y un entorno donde uno puede descansar, crecer y construir su vida. En 2026, muchas personas tienen una estructura donde vivir, pero no tienen las condiciones que permiten realmente vivir. La precariedad habitacional, situaciones como alquileres extremadamente caros, contratos temporales, viviendas en mal estado o ubicaciones periféricas sin servicios básicos, convierten la vivienda en un espacio de constante tensión. Muchas personas viven con miedo a perder su lugar, con estrés por pagar el alquiler o con ansiedad por las condiciones de insalubridad. Esto es especialmente visible en contextos urbanos donde el costo de la vivienda ha aumentado más rápido que los ingresos de la población.

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Artículo de Raluca Budian, directora asociada del Observatorio de Vivienda Digna del Instituto de Innovación Social de Esade, publicado en Ethics.

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