Instituto de Innovación Social

Cuando la sociedad empieza a ver normal lo que jamás debería serlo

Raluca Budian |
Cuando la sociedad empieza a ver normal lo que jamás debería serlo

En los últimos años han surgido propuestas inmobiliarias que permiten comprar una habitación dentro de un piso compartido, casi como si se tratara de un producto independiente del resto del hogar. Lo que hace apenas una década habría parecido una ocurrencia marginal o incluso un síntoma de desesperación, hoy comienza a presentarse como una opción “moderna”, “creativa” o, peor aún, “realista” frente a los precios desorbitados de la vivienda. Y esa normalización tan rápida debería preocupar. No porque quienes aceptan esta fórmula estén cometiendo un error individual, sino porque la propia sociedad empieza a ver razonable algo que, en esencia, no lo es.

La vivienda siempre se ha entendido como un espacio donde una persona o una familia puede vivir con un mínimo de estabilidad, privacidad y autonomía. Proponer la compra de una sola habitación, cocina, salón y baños compartidos con desconocidos, supone un recorte drástico de esa idea. El hogar deja de ser una unidad completa y pasa a reducirse a un cuarto y un pasillo. La vivienda entera, lo que siempre se ha considerado un derecho básico, queda implícitamente reservada para quienes puedan permitirse pagar el precio inflado del mercado. Esta operación transmite un mensaje implícito pero muy claro: “Si no puedes pagar una vivienda digna, al menos podrás ser propietario de un cuarto”. La propiedad, en este contexto, se convierte en un consuelo simbólico, una especie de placebo que aparenta seguridad pero que no garantiza lo que históricamente justificó el valor de un hogar: autonomía, estabilidad y un espacio propio en el sentido pleno de la palabra.

 

SEGUIR LEYENDO

 

Artículo publicado en Expansión.
Foto de Guillaume TECHER en Unsplash.

Siga leyendo este artículo en línea:

Ver en línea