Inicio Conoce ESADE Personas ¿Qué es el Spirituality Team (ST)?

¿Qué es el Spirituality Team (ST)?

El ST ofrece un servicio a la comunidad universitaria que proporciona una atención espiritual y oportunidades de crecimiento espiritual a los miembros de la comunidad en su diversidad y pluralidad de credos y creencias.

El ST está fundado en el convencimiento de que el desarrollo espiritual es esencial para el crecimiento personal y el desarrollo de su calidad humana. Por ello, promueve el diálogo sobre la dimensión espiritual y el hecho religioso entre cristianos, creyentes de otras religiones y no creyentes y también ofrece recursos de la espiritualidad que le es más propia: la de la Compañía de Jesús.

El carácter distintivo de una educación jesuita proviene de su historia arraigada y de una misión basada en la fe y el rigor intelectual. Desde sus inicios en 1548, cuando la primera institución jesuita abrió sus puertas en Messina, Sicilia, la educación superior jesuita sigue comprometida con la excelencia académica, el servicio, el liderazgo y el cuidado de toda la persona para formar “hombres  y mujeres para los demás”.

¿Qué se ofrece?

A lo largo del curso se ofrecen diferentes experiencias de crecimiento personal

  • 1

    Oración/Meditación en grupo (al menos una vez al mes)

  • 2

    Celebración de la Eucaristía

  • 3

    Actividades formativas y académicas

  • 4

    Acompañamiento personal / "coaching" profesional

  • 5

    Conexión con las comunidades cristianas de Barcelona

  • 6

    Recursos bibliográficos sobre espiritualidad, liderazgo y su relación con el management y el derecho

Textos inspiradores

Ofrecerse al presente


Un sábado por la mañana, en mi habitación, estaba haciendo unos ejercicios de Tai Chi. Uno de los ejercicios consiste en un movimiento que se asemeja al de abrazar. Al darme cuenta de la similitud, me pasó por la mente la idea de que haciendo ese ejercicio podría procurar crecer en mi capacidad de acoger y ayudar a los demás. Pero también me vino a la mente la idea hinduista de que tenemos que renunciar a controlar las consecuencias de nuestros actos.

 

"Sólo tienes derecho al acto, y no a sus frutos. Nunca consideres que eres la causa de los frutos de tu acción, ni caigas en la inacción." (Bhagavad Gita II, 47)

 

Entonces seguí haciendo los ejercicios centrado en los movimientos, procurando no distraerme.

 

De hecho, nuestra voluntad y nuestra inteligencia son limitadas a la hora de provocar o prever las conexiones entre actos y consecuencias. En efecto: el impacto de lo que hacemos depende de una serie, no totalmente controlable ni previsible, de circunstancias sociales o de disposiciones interiores: nuestras o de las personas con las que interactuamos.

 

Por otra parte, aceptar el hecho de que no podamos controlar las consecuencias de nuestros actos, nos podría llevar a "la inacción", tal como advierte el texto de Bhagavad Gita.

 

Tal vez de lo que se trata es de encontrar el camino medio entre la inacción y el deseo de controlar los frutos de nuestra acción. Se trata de considerar previamente si la acción es adecuada o no; y luego sumergirme en ella sin querer controlar sus frutos. Volviendo a aquel sábado por la mañana, resulta que estaba haciendo Tai Chi, porque aquél era un tiempo semanal de práctica de la vida interior; y no un tiempo de oración bíblica, sino de Tai-Chi. Es por ello que podía intentar centrarme en el presente, ofrecerme plenamente al presente, confiando que mi acción sería fecunda sin yo saber cómo.

 

Es de notar que ofrecerse al presente da sentido a cualquier momento de la vida humana. Y por ello da sentido también a la vida de personas que "no tienen futuro", que tienen "el tiempo contado". Una ofrenda que hace más denso este presente. En efecto, en la novela "Culpa de las estrellas", dos adolescentes con cáncer incurable (Hazel y Gus) viven una historia de amor poco convencional. Saben que su tiempo es limitado, pero se ofrecen a él con profundidad. Y lo explican con una imagen matemática: entre el número 0 y el número 1 hay infinitos números. Y así, en un momento de íntima comunicación,  Hazel dice ante Gus:

 

"Quisiera más números de los que es probable que yo viva, y Dios mío, quiero más números para Augustus Waters [Gus] que los que le han sido concedidos. Pero Gus, mi amor, no consigo decirte cuán agradecida te estoy por nuestro pequeño infinito. No lo cambiaría por nada del mundo. Me has regalado un para siempre dentro de un número finito, y por ello te doy las gracias."

 

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"Hacer la ofrenda como si estuviera presente. Hacer la ofrenda a los dioses como si estuvieran presentes. El Maestro decía: 'Si yo no me uno a la ofrenda, es como si no hubiera ofrenda'. " (Confucio. Analectas III, 12)

 

"Alguna noche muy íntima, y ​​distendido con esfuerzo,

me he dicho, en el intervalo de los sueños y los recuerdos:

- La eternidad es sólo un Presente que se ensancha."

Màrius Torres Al presente

 

"Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que Dios os ha mandado, decid: 'Somos siervos que no merecen recompensa: hemos hecho lo que teníamos que hacer’." (Lc 17, 10)

 

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· ¿En qué actividades, diarias o semanales, me resulta más fácil centrarme a fondo en el presente?

· ¿En qué ocasiones las distracciones son indicador de que la actividad que realizo no es la adecuada, la que “toca hacer”?

Redes profesionales


Dice el sociólogo Richard Sennett (La corrosión del carácter) que las carreras profesionales se realizan cada vez menos en una única organización piramidal, en la que un profesional, que entra, va subiendo escalones con el tiempo. Porque las organizaciones son menos jerárquicas y los profesionales se mueven más, tanto geográfica como organizativamente.

 

Sin embargo, la incertidumbre que estos hechos genera pide una cobertura, una red de seguridad, que se busca justamente en redes profesionales: relaciones de amistad o apoyo mutuo que nos ayudan en los diversos momentos de la vida laboral. Las redes nos ayudan a obtener puestos con más responsabilidad y retribución, a encontrar trabajo cuando queremos mudarnos de ciudad o de país, o a "no caer al suelo" cuando nos quedamos sin trabajo...

 

Pero, ¿qué lazos o valores definen una determinada red? ¿Qué nos permite formar parte de una red?

 

Una red potente en los primeros años de la carrera profesional es la asociación de antiguos alumnos de nuestra escuela o de nuestra universidad: compartimos una determinada tradición educativa, una determinada experiencia universitaria - amistad y valores. De igual manera, hay redes estructuradas en forma de colegios de profesionales (colegios de Médicos, de Farmacéuticos, de Abogados o de Ingenieros) que promueven servicios cooperativos a sus socios y se convierten en interlocutores de las administraciones, cuando éstas han de legislar sobre aspectos que afectan al ejercicio de sus respectivas profesiones.

 

Otras redes se tejen en el interior de grandes empresas, que mueven a sus miembros de un lugar a otro del planeta en función de las necesidades estratégicas de la empresa. Por ejemplo, algunas consultorías hacen esta función, y acompañan una exigencia laboral extrema (trabajo a ritmos agotadores) con promesas de apoyo profesional entre miembros de la empresa, apoyo afectivo y una "mística" de pertenencia a la empresa que suele incluir acciones de filantropía corporativa.

 

También hay redes profesionales directamente relacionadas con grupos religiosos o ideológicos. La pertenencia al grupo religioso te permite formar parte de una red que, en teoría, promueve ciertos valores y apoya sus miembros. Pero estas redes a veces promueven efectivamente valores y otras veces se convierten en pantallas para promover intereses particulares de sus miembros en contra del bien común. En África, donde la incertidumbre de los entornos institucionales es muy grande, las redes profesionales son muy necesarias, y la mentalidad religiosa o mágica se mezcla con la profesión. A veces estas redes se convierten en sectas, con ritos de entrada que pueden incluir actos de extrema crueldad: por ejemplo, el sacrificio de familiares.

 

Tal vez no hay redes profesionales ideales, y la solución es formar parte al mismo tiempo de otras redes no profesionales que ofrecen un apoyo desinteresado: familia, grupos de amigos o comunidades de valores. Es en estos ámbitos donde pueden madurar decisiones humanas y profesionales fundamentales.

 

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"El maestro Zeng dijo: 'El hombre noble se basa en la cultura para reunir amigos, y se basa en los amigos por reforzar la solidaridad humana'." (Confucio Analectas XII, 24)
 

 

"Cuando la vida es pacífica y sin problemas, es difícil distinguir al amigo verdadero del falso. Sólo cuando llegan las dificultades afloran los verdaderos sentimientos del amigo. Porque en tiempos de crisis los amigos de verdad se acercarán más y los falsos serán cada vez más escasos." Matteo Ricci Sobre la amistad 5.

 

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· Piensa en una red profesional a la que perteneces. ¿Hasta qué punto es un grupo de interés que apoya los intereses privados de sus miembros? ¿En qué grado promueve el bien de la sociedad?

 

· ¿Hasta qué punto "la mística", que genera sentido de pertenencia a una red, promueve valores vinculados con el bien de la sociedad?

 

· ¿Qué tipo de sacrificios personales o familiares pide el formar parte de una determinada red u organización?

 

· ¿Qué tipo de redes no profesionales tengo al alcance para apoyar mis decisiones fundamentales en las diversas etapas de mi vida?

Desenterrar el recuerdo


Dicen que un día alguien preguntó al Dr. Antoni Puigvert (1905-1990), eminente urólogo: "Doctor, después de la muerte, ¿qué?» El doctor contestó: «Después de la muerte, el entierro».

 

De hecho, tanto la pregunta como la respuesta parecían moverse a nivel de los hechos: después del hecho de la muerte de alguien, uno de los hechos que se dan es que le entierran. Pero la ironía es que tanto la pregunta como la respuesta iban más allá de los hechos: el doctor no creía en una vida más allá de la vida en la tierra.

 

Después de todo, la forma correcta de preguntar sobre la vida más allá de la vida terrena es muy difícil. Tanto si decimos "después de" como si decimos "más allá de", estamos utilizando el tiempo y el espacio para referirnos a un nivel de realidad que justamente trasciende espacio y tiempo.

 

¿Cómo acercarse a este otro nivel de realidad, que se convierte en tan relevante para muchos el final de la vida en la tierra? Una forma de conectar con él consiste en no preguntarse por la muerte, sino por la vida. En no apresurarnos a "enterrar" a la persona que ha muerto. De hecho, "hacer el duelo" (tanto religiosamente como psicológicamente) consiste en esto: en vivificar una relación que nos ha afectado profundamente. Consiste en desenterrar el recuerdo.

 

¿Qué recuerdo nos ha dejado? Quizás escritos, obras de arte, objetos que lo caracterizaban (sombreros, joyas, vestidos...), organizaciones que había gestionado, valores que practicó con nosotros. Pero igualmente actos de cobardía, de egoísmo o de miedo... Seguramente también de nuestra parte hubo luces y sombras. Y quizás su final fue doloroso para muchos.
¿Cómo desenterrar el recuerdo?

 

Es bueno diseñar situaciones (lugares, ambientaciones, compañías o soledades...) en las que se haga amable el desentierro. Pasando por aquel lugar -o visitándolo expresamente- donde habíamos estado juntos, recordaré lo que nos pasó. Mirando una fotografía o revisando una carta, recordaré otro aspecto de nuestra relación. Recordando como solía reaccionar ante situaciones en las que me encuentro, se me hará presente alguno de sus valores - o golpes de genio. Y poco a poco puede ir creciendo en mí el agradecimiento y la reconciliación. Seré curado, transformado y liberado para vivir con más plenitud.

 

Es así cómo se hace real lo que sugiere T.S Eliot en el  poema "Little Gidding I":

"(...) Y lo que los muertos, en vida, no sabían decirnos,

ahora nos lo pueden decir, muertos: la comunicación

los muertos tiene lenguas de fuego más allá del lenguaje de los vivos. "

 

Pero permanece la pregunta al Dr. Puigvert: no sobre nuestro duelo y nuestra transformación; sino sobre el duelo y la transformación del difunto. Aquí las tradiciones religiosas o de sabiduría ofrecen pistas varias en forma de narraciones o de prácticas rituales. En todo caso, dice el maestro budista Shantideva: "El culto a un Buda vivo y en un Buda extinguido son idénticos y dan fruto." (La marcha hacia la luz XI, 40). Es decir: recuerda a la persona (rinde culto) sin importar si crees que está viva o muerta.

 

Y ¿hasta cuándo el duelo? Querer cerrarlo, ¿no es persistir en el deseo de enterrar? El agradecimiento y la reconciliación con esa persona nos dan vida: mejor, pues, si no los enterramos. Mejor si esa persona se convierte, poco a poco, en interlocutor silencioso de mi presente.

 

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"Que por la fuerza de la Vida yo me identifique ahora con el espíritu de luz inmortal, en este mismo momento en que el cuerpo mortal será reducido a cenizas. Om. Recuerda, oh mente, lo que has hecho. Recuerda, recuerda todo lo que has hecho". Isha Upanishad, 17

 

“(...) Las acciones meritorias recibirán la buena persona al llegar el próximo mundo, como los familiares dan la bienvenida a un ser querido cuando vuelve a casa." Dhammapada 220.

 

"Tú sabes que lo que siembras no llega a tener vida, si antes no ha muerto (...) Con la resurrección de los muertos ocurre algo parecido. Se siembra un cuerpo corruptible, pero resucita un cuerpo incorruptible; se siembra un cuerpo sin honor, y resucita glorioso; es sembrado débil, y resucita lleno de fuerza. Es sembrado un cuerpo auto-centrado, y resucita un cuerpo centrado en los demás. "(1 Cor 15, 36. 42-44)

 

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· ¿En qué situaciones trabajo la gratitud y la reconciliación con mis muertos? ¿Cómo me transforman y de qué me liberan estos rituales?

 

· ¿En qué situaciones trabajo la gratitud y la reconciliación con mis vivos? ¿Cómo me transforman y de qué me liberan estos rituales?

 

· ¿Qué referentes no conocidos personalmente (maestros religiosos, literatos, pensadores, artistas) pueden hacer más plena mi vida? ¿Cómo establecer una relación vivificadora con ellos por medio de sus obras, biografías, palabras?

Europa


Geográficamente, Europa es un pequeño apéndice de la masa euroasiática, pero ha tenido un protagonismo crucial en la historia de la humanidad. Las raíces greco-cristianas se desarrollaron en un sistema político, económico y cultural que terminó colonizando gran parte del mundo. En los últimos dos siglos, se forjó un sistema económico y político (las democracias liberales y, más concretamente, los Estados del Bienestar) que ha aportado prosperidad económica, democracia política y justicia social en grandes proporciones de población del continente desde 1945. En conjunto, Europa ha tenido influencia - para bien y para mal-- en gran parte de la humanidad.

 

Estos días celebramos los 60 años de la Unión Europea, en una situación marcada por la crisis del euro y las políticas de austeridad; por la lenta integración política, económica y cultural de los países del antiguo bloque socialista; por las diferencias entre el norte y el sur; por la salida del Reino Unido de la Unión; por el envejecimiento general de la población; por el reto de acoger e integrar inmigrantes extra-comunitarios; y por la demagogia de los populistas.

 

Pero es también una unión de Estados que combina creativamente diversos niveles administrativos (desde el local al continental); que ha promovido la democracia y los derechos humanos (civiles y sociales); que ha evitado guerras en los últimos 70 años; y que ha despertado una bienhechora conciencia continental en las jóvenes generaciones.

 

Quizá, más allá de evaluar costos y beneficios, es el momento de recuperar lo mejor de Europa para que nos oriente y motive cada día. El momento de soñar Europa, como hizo el Papa Francisco en el discurso de aceptación del premio Carlomagno en Roma, el 6 de mayo de 2016.

 

"Sueño una Europa joven, capaz de ser todavía madre, una madre que tenga vida, porque respeta la vida y ofrece esperanza de vida.

Sueño una Europa que se hace cargo del niño, que como un hermano socorre al pobre y a los que vienen en busca de acogida, porque ya no tienen nada y piden refugio.

Sueño una Europa que escucha y valora a los enfermos y a los ancianos, para que no sean reducidos a objetos improductivos de rechazo.

Sueño una Europa donde ser emigrante no sea un delito, sino una invitación a un mayor compromiso con la dignidad de todo ser humano.

Sueño una Europa donde los jóvenes respiren el aire limpio de la honestidad, amen la belleza de la cultura y de una vida sencilla, no contaminada por las infinitas necesidades del consumismo; donde casarse y tener hijos sea una responsabilidad y una gran alegría, y no un problema debido a la falta de un trabajo suficientemente estable.

Sueño una Europa... con políticas realmente eficaces, centradas en los rostros más que en los números, en el nacimiento de hijos más que en el aumento de los bienes.

 

Sueño una Europa que promueva los derechos de cada uno, sin olvidar los deberes para con todos.

 

Sueño una Europa de la que no pueda decirse que su compromiso por los derechos humanos ha sido su última utopía."

 

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"Cuando mis hijos sean mayores, os ruego que les interroguéis y les atormentéis, como yo lo he hecho con vosotros, si veis que prefieren las riquezas a la virtud, y a hacer que el alma sea mejor." Apología de Sócrates

 

"Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, todos vosotros sois uno en Cristo Jesús." Carta de San Pablo a los Gálatas 3,28

 

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· Si repaso un día de mi vida, ¿qué condiciones sociales o económicas me la facilitan, provenientes de la tradición europea o de la realidad actual de la Unión Europea?

 

· ¿Qué está a mi alcance promover, en relación con el sueño del papa Francisco?

Comunicación


En la película Lo imposible de Juan Antonio Bayona, una familia de padre, madre y tres hijos se va a una isla de Tailandia a pasar las fiestas de Navidad. Un tsunami arrasa la isla. Por suerte, los cinco sobreviven, pero quedan separados en dos grupos: madre e hijo mayor (María y Lucas) por un lado; y padre e hijos pequeños por el otro. No saben nada los unos de los otros, en pleno caos general de la isla. María y Lucas son trasladados a un gran hospital, donde ella espera una operación en la pierna. María, que es médico, dice a Lucas (7 años) que el personal del hospital está desbordado, y le invita a que salga a ayudar, que ella está bien y puede esperar. Entonces Lucas se empieza a pasear por el hospital, sin saber qué hacer. En la recepción, un hombre mayor a quien Lucas no entiende se le dirige desesperadamente enseñando una foto familiar y señalando en ella la cara de un niño, aparentemente su hijo. Lucas busca hoja y bolígrafo y apunta el nombre del niño. Mientras se pasea por las salas del hospital gritando este nombre, otras personas ingresadas le pasan otros nombres, que él va apuntando y gritando. Al principio sólo acumula nuevos nombres y no encuentra ninguno de los nombres apuntados. Al cabo de un cierto tiempo, un niño responde a su llamada. Él le abraza, le señala que espere y va a buscar al padre de aquel niño. Con un gozo inmenso, contempla como padre e hijo se abrazan.

 

Tal vez nuestro mundo se parece a ese hospital tailandés lleno de víctimas del tsunami. Quizás el mundo separa a las personas que se quieren, quizá necesitamos re-conectar. En la distancia y la incomunicación nos podemos sentir pequeños e inútiles como Lucas. Pero también podemos escuchar una voz interior amorosa (como la de María) que nos anima a salir de nuestro rincón: sin saber demasiado qué haremos, pero dispuestos a ayudar. Y entonces nos detendremos ante rostros sufrientes que buscan personas queridas. Primero sólo acumularemos problemas (nombres a conectar), pero después llegarán las conexiones, y seremos testigos gozosos de encuentros.

 

Confiar en la voz interior, salir a ayudar sin saber cómo, escuchar compasivamente, buscar pacientemente, y hacer posible el momento que restaura el gozo. Parece imposible. Pero lo puede hacer un niño de 7 años.

 

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· "El Maestro dijo: 'Los jóvenes, dentro de casa, deben mostrar piedad filial; afuera, deben mostrar veneración fraterna. Que sean serios y fieles. Que amen a todos y que traten como familia a quienes tienen humanidad. Si practican todo esto y aún les quedan fuerzas, entonces que se dediquen a los estudios de letra.” Confucio Analectas I, 6.

 

· "El amor consisten en comunicación de las dos partes, es saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene, o de lo que tiene o puede; y así por el contrario, el amado al amante." Ignacio de Loyola Ejercicios Espirituales [231, 1-2]

 

· "Abre nuestros ojos a todos los sufrimientos humanos; inspíranos la palabra justa y adecuada cuando encontremos hermanos solos y desamparados; danos generosidad y decisión para ayudar fraternalmente a oprimidos e indefensos. Que tu Iglesia sea testigo de verdad y de libertad, de justicia y de paz. Que todos puedan encontrar en ella la esperanza que no muere."(Plegaria Eucarística V C de la Eucaristía).

 

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· ¿En qué ocasiones he desarrollado iniciativas similares a la de Lucas? ¿Qué he aprendido?

 

· ¿Qué ruidos me impiden escuchar la voz interior que me invita a salir a ayudar?

 

· ¿Qué valoramos más en la educación de los jóvenes: "los estudios de letra" (Confucio) o la capacidad de iniciativa para hacer un mundo mejor?

Amistades chinas


Ahora que crecen las relaciones entre Occidente y China, puede ser interesante tener noticia de uno de los precursores de estas relaciones. El misionero jesuita Matteo Ricci (1552-1610) conectó con cierto éxito la Europa renacentista con la China del final de la dinastía Ming: de hecho, fue el primer europeo en acceder a la ciudad imperial prohibida de Pekín. En 1595 publicó "Sobre la amistad. Cien máximas para un príncipe chino", que se difundió tanto entre los chinos cultos como entre los misioneros cristianos: tal vez porque introducía la sabiduría occidental en los debates chinos sobre la amistad.

 

Uno de estos debates versaba sobre el "wulun" - o las cinco relaciones humanas básicas según el confucianismo: padre-hijo, hermano mayor-hermano menor, soberano-súbdito, esposo-esposa y la amistad. En aquella época, los jesuitas misioneros occidentales eran criticados por los chinos, porque no respetaban ninguna de las cuatro primeras relaciones: abandonaban padre, hermanos y soberano en Europa para marchar a las misiones, y además no se casaban. De ahí los equilibrios que Ricci debe guardar al caracterizar la amistad como una relación (la única no jerárquica en aquel contexto) que puede afectar a las otras cuatro.

 

Las máximas de Ricci dibujan la amistad en base a varias características:

 

a) La intimidad: "Los amigos son más íntimos que los hermanos, porque los amigos se llaman entre sí "hermano", mientras que solo los mejores hermanos se convierten en amigos" (máxima 36). "Si uno tiene muchos amigos íntimos, entonces no tiene amigos íntimos" (40).

 

b) La sinceridad: "Alguien que en la hora de mi gloria solamente viene a verme si lo invito, y que en la hora de mi tribulación viene a verme incluso sin ser invitado: ese es un amigo " (64).

 

c) La solidaridad: "Un amigo es la riqueza del pobre, la fuerza del débil y la medicina del enfermo" (76).

 

d) El reforzamiento mutuo de la virtud: "Si toleramos los vicios de un amigo, entonces estos vicios pasan a ser nuestros" (33). "Una vez había un  hombre que pidió a un amigo que hiciera algo injusto, pero cuando el amigo se negó, le dijo: “Si no haces lo que te pido, ¿qué clase de amigo eres?” El otro dijo: “Si me pides que haga algo injusto, ¿qué clase de amigo eres tú? " (96).

 

e) La importancia de escuchar a los enemigos: "En estos tiempos, en que los amigos están mudos y los aduladores se han vuelto elocuentes, solamente conservando mis enemigos puedo oír palabras sinceras" (38). "Un regalo de un enemigo vale menos que un bastonazo de un amigo" (78).

 

f) La felicidad interna: "Cuando los amigos vulgares se reúnen, su alegría externa es mayor que su felicidad interna; y cuando se separan, tienen una persistente sensación de malestar. Cuando los amigos virtuosos se reúnen, su felicidad interna es mayor que su alegría externa; y, después de que se marchan, no hay sentimiento de pena "(54).

 

Debe de ser difícil hacer amigos de los de verdad. Más porque afecta a las otras relaciones humanas: "Las inestabilidades de mi vida ponen a prueba y revelan la estabilidad de una amistad" (26). ¿Vale la pena probarlo?

 

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"Que cada uno se salve por sí mismo y no se rebaje por debajo de sí. Porque en verdad uno mismo es su propio amigo y también su propio enemigo". (Bhagavad Gita VI, 5).

 

"Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo. A vosotros os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre”. (Evangelio según Juan 15, 12-15)

 

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· ¿Cuáles son mis verdaderos amigos? ¿Cómo afectan estas amistades a mis otras relaciones humanas básicas?

 

· ¿En qué situaciones cotidianas puedo reconocer conductas ejemplificadas por las máximas de Matteo Ricci?

 

· ¿En qué situaciones soy amigo mío, i en cuáles soy mi propio enemigo?

Rastros


Ferran, buen conocedor del budismo tibetano, explica que la infelicidad humana proviene a menudo de que no sabemos tratar bien el placer o el sufrimiento.

 

Con el placer el error consiste en querer retenerlo o mantenerlo, cuando es fugaz y efímero. Por eso, cuando escapa nos sentimos frustrados porque queríamos que se quedara. Así, por ejemplo, si un trozo de tarta nos ha parecido bueno, al cabo de un rato el placer habrá pasado; pero intentar retener este placer comiendo más y más pastel no es buena idea: acabaremos empachados o cebados...

 

El error con el sufrimiento es que queremos escapar de él como sea; pero estas escapatorias acaban aumentándolo. Por ejemplo, puedo intentar dar la espalda al fracaso haciendo cosas que me distraigan: ir a correr, consumir ciertas bebidas o ciertas comidas placenteras, enchufarme a la música o a la televisión. Pero estas actividades no me calman porque la razón por la que las realizo no está en ellas (hacer deporte, degustar, disfrutar de la música o el cine) sino en huir del fracaso. Y comienza una espiral perversa (adicción) por la que deberé aumentar la dosis o la frecuencia de la actividad: corriendo más y / o más a menudo, bebiendo más y / o más a menudo, pasando más horas enchufado a la música o la televisión, etc.

 

Y es que, tal y como explica Ferran, escapar al sufrimiento es escapar a una parte de la vida. Necesitamos cultivar un tipo de felicidad tan rico, ancho y grande que abarque  el placer y el sufrimiento.

 

Para cultivar esta felicidad más ancha, es bueno ser conscientes, pues, de que el placer y el sufrimiento son pasajeros. Pero también de que algunos placeres son mejores que otros, y algunos sufrimientos son mejores que otros. Algunas tradiciones de sabiduría - por ejemplo, la de los jesuitas- postulan que los placeres y los sufrimientos son mejores si dejan un rastro mejor.

 

El rastro es algo que queda cuando el objeto, la planta, el animal o la persona han desaparecido. Como el sabor de un plato cuando ya nos lo hemos terminado, o el olor de una flor cuando ha estado en una habitación, o la huella en el barro de un animal salvaje cuando se ha marchado. También las experiencias que tenemos dejan rastros. Y así, una experiencia - placentera o dolorosa- que deja un rastro duradero (sigo sintiendo en la ausencia) y armonizadora (siento paz con lo que me rodea) es mejor que una que deja un rastro más efímero o conflictivo.

 

Se trata, pues, de no intentar retener el placer o rehuir el sufrimiento, que son momentáneos; sino de hacernos conscientes del rastro que dejan las experiencias. Si es duradero y armonizador, entonces hay que secundar aquellas experiencias, seguir sus rastros: porque los rastros mejores me hacen mejor a mí y mejoran la realidad que me rodea.

 

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· "Matar es bello; haber matado es horrible." (Thomas Mann Los diez mandamientos de Moisés)

 

· "Quien encuentra en su interior la felicidad y la satisfacción, quien no tiene otra luz que su luz interior, este practicante se identifica con el Absoluto, y en él alcanza la liberación" (Bhagavad Gita V, 24) .

 

 · "Debemos mucho advertir el discurso de los pensamientos; y si el principio, medio y fin es todo bueno, inclinación a todo bien, señal es de buen ángel; pero si en el discurso de los pensamientos que trazo termina en algo mala o distrativa, ... o conturba al ánima quitándole su paz, tranquilidad y quietud que antes tenía, señal es que procede del mal spíritu ... "
(Ignacio de Loyola Ejercicios Espirituales, n .333).

 

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· ¿Qué mecanismos uso más a menudo para huir de los sufrimientos? ¿Qué acciones suelo emprender para retener placeres fugaces?

 

· ¿Qué experiencias de placer o de dolor recuerdo que hayan dejado un mejor rastro? ¿Qué otras han dejado vacío y conflicto?

 

· ¿En qué momentos del día o de la semana me paro conscientemente para identificar los rastros de mis experiencias?

Juzgar


Fran, un joven padre de familia catalán, estaba en la región de Bengala (NE de la India) donde supervisa la ONG "La casa de las niñas". Un día, en plena calle, presenció atónito cómo una mujer daba a su hijo recién nacido a unos hombres, que le pagaban un fajo de billetes. Fran no pudo evitar decir a la mujer, en inglés: "¿Qué estás haciendo?". Ella, que no hablaba inglés, le miró, le enseñó el dinero, señaló seis niños y niñas cerca de ella y se puso los dedos cerrados de la mano en la boca. Fran calló, comprendiendo el mensaje sin palabras: "Con este dinero podré alimentar a mis otros seis hijos".

 

A Fran - un entusiasta y devoto de Santa (Madre) Teresa de Calcuta - le vino a la cabeza la frase evangélica: "No juzguéis y no seréis juzgados" (Mt 7, 1). Por eso se quedó con la palabra en la boca delante de aquella mujer pobre.

 

Tal vez juzgar a las personas es una sutil, casi inconsciente, manera de sacarnos de encima la responsabilidad para con ellas. De exorcizar una llamada interior, fundamental, pre-reflexiva y auténtica a asumir nuestra responsabilidad de ayudar a la gente.

 

El juicio puede convertirse en una operación reflexiva que construye un muro entre mí y la gente a la que estoy llamado a ayudar. Buscamos razones que son ladrillos para separarnos de la llamada fundamental a ayudar al que está necesitado. Pero la respuesta a esta llamada no son palabras ni razones: son acciones. Lo dice en pocas palabras el Padre Opeka, un argentino misionero en Madagascar:

 

"[En el vertedero de Antananarivo] vi, apenas llegar, niños de tres, cuatro añitos peleándose con los perros y las bestias por un pedazo de basura podridas. Y lloré. En ese momento me quedé sin derecho a hablar; sólo tenía derecho a actuar. Esa noche me arrodillé en mi cama y pedí a Dios que hiciéramos algo por aquellos niños". (La Vanguardia 03/12/2016, p.68)

 

Esta llamada es tan fundamental que se mantiene más allá de todo juicio: no se trata de culpabilizar a la madre india ni de que Fran se culpabilice por no hacer lo suficiente.
Se trata de mirar de frente a los que sufren.

Y llorar.

Y callar.

Y actuar.

Y arrodillarse para recuperar la esperanza.

Y pagar el precio de actuar: Fran ha vuelto varias veces de Bengala con problemas de salud.

Y finalmente, razonar. Poner la razón al servicio de la responsabilidad: buscar formas más eficaces de ayudar, de hacer un mundo mejor.

 

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 "¡Que yo pueda ser la medicina y el médico para el enfermo! ¡Que yo sea su enfermero hasta que sus enfermedades nunca vuelvan!

¡Que con una lluvia de comida y bebida pueda vencer las aflicciones del hambriento y el sediento! ¡Que yo sea comida y bebida en tiempo de hambre y sequía!
¡Que yo sea un tesoro inagotable para el despojado! Que me mantenga a su lado con formas diversas de ayuda.

Por el bien de lograr el beneficio de todos los seres que sienten, entrego mi cuerpo, mi fruición y todas mis virtudes... "

 

Santideva La marcha hacia la luz III, 7-10.

 

“Entonces Yahvé preguntó a Caín: '¿Dónde está tu hermano Abel?'
Él respondió: 'No lo sé. ¿Acaso soy el guardián de mi hermano?’"

(Gn 4, 9)

 

"Sólo la sonrisa de Dios conoce la profundidad de las vidas humanas." Jean-Pierre Jossua

 

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· ¿Qué juicios suelo interponer entre mi responsabilidad y los problemas del mundo?

 

· ¿Qué situaciones humanas me dejan sin palabras?

 

· ¿Cómo recupero la esperanza cuando parece que las fuerzas me abandonan?

 

· ¿Cómo construyo razonamientos al servicio de la responsabilidad?

Buenos o malos


En un debate con universitarios empezamos a discutir sobre la bondad y la maldad humanas. Enseguida salieron Hitler y los criminales de las prisiones como personas malas, y la legitimidad o no de la pena de muerte.

 

Recordé el testimonio de un afroamericano en el reportaje de Yan Arthus Bertrand "Human (Vol. I)" (disponible en Youtube). Este joven explica que cuando era pequeño su padrastro le pegaba y le decía: "Si te hago daño es porque te quiero". Y él se acostumbró a hacer daño a todas las personas a las que quería. Hasta que en la cárcel una mujer, Agnes, le amó. Agnes tenía todo el derecho a odiarlo, pero no lo hacía. Porque él estaba en la cárcel por haber asesinado a la hija y al nieto de Agnes. "Ella me dio amor y [silencio, lágrimas] y me dijo lo que era amar".

 

Tal vez el bien y el mal no "están ahí fuera", simplemente: como un destino que se nos impone y al que hay que resignarse. En parte dependen de mí, dependen de mi apuesta: si apuesto por tratar con bondad a las personas, estoy haciendo crecer la bondad en su interior; si las trato con desprecio o pienso en mi corazón que son malas, la bondad tendrá más problemas para manifestarse en ellas.

 

Así pues, la bondad y el mal no "están ahí fuera". Pero tal vez el mal no llega a estar tan "dentro" de alguien que podamos afirmar que es una persona mala. No hay personas malas: hay personas que realizan acciones (buenas y) malas. Y las que hacen acciones repetidamente malas siempre pueden cambiar: pueden hacer crecer dentro de sí la bondad. Seguramente lo harán más fácilmente si apostamos por ellas, si creemos que la bondad puede crecer dentro de ellas, si "les damos crédito".

 

"Dar crédito a la gente" es una expresión que usa Muhammad Yunus, premio Nobel de la Paz y fundador de un banco de microcréditos que ayuda a millones de personas a crear pequeños negocios para salir de la pobreza. Yunus hace con los pobres algo que no hacen muchos bancos: "darles crédito". En dos sentidos: primero, prestarles dinero; segundo (y más importante) creer que ellos pueden crear un negocio y devolver el crédito. A muchas personas a las que el Grameen Bank da crédito (sobretodo mujeres), esto les cambia la vida.

 

Tal vez costará hacer cambiar a alguien que ha hecho el mal durante mucho tiempo: costará "dar crédito" a personas a las que la sociedad se lo niega. Ciertamente se trata de una apuesta. Pero de vez en cuando, descubrimos que la apuesta funciona, y esto nos empuja a seguir apostando: incluso cuando más parece que vamos a perder.

 

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"Somos mejores que nuestros peores actos" (Hermana Helen Prejean, activista contra la pena de muerte en EE.UU.).

 

"Vigila tus pensamientos: se convierten en palabras./ Vigila tus palabras: se convierten en actos./ Vigila tus actos: se convierten en hábitos. / Vigila tus hábitos: se convierten en tu carácter. / Vigila tu carácter: se convierte en tu destino." Lao Tsé

 

"Dios vio que todo lo que había creado era muy bueno." (Gn 1, 31).

 

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· ¿A qué personas suelo etiquetar de "malas"? ¿Qué puedo hacer para "darles crédito"?

 

· ¿Qué grupos sociales necesitan más crédito en la sociedad de hoy?

 

· ¿Qué conductas estigmatizadoras descubro a mi alrededor? ¿Cómo puedo invitar a quienes las protagonizan al cambio de actitud?

Pulsiones


Una pulsión es una "fuerza interna anclada en lo biológico... que lleva a la relación con las personas, las cosas y las ideas del mundo exterior" (Jordi Font). Las pulsiones son, pues, fuerzas interiores que nos mueven a relacionarnos con el mundo exterior.

 

Tres de las pulsiones principales son la pulsión sexual, la pulsión del poder y la pulsión del dinero. Respectivamente y biológicamente, empujan a: transmitir la vida; vencer competidores que amenazan la propia vida; y acumular recursos para la supervivencia.

 

Cuando la persona gestiona estas tres pulsiones de manera auto-centrada, genera efectos depredadores en el mundo exterior (la comunidad y el entorno natural), pero también en ella misma: cae en adicciones. Una adicción es una "dependencia patológica en relación con un objeto del que no se puede privar sin un gran malestar, al que debe volver reiteradamente y... aumentar la intensidad de la posesión del objeto" (Jordi Font). Sustituyamos respectivamente "objeto" por "personas con las que me siento impulsado a tener relaciones sexuales"; "personas a las que me siento impulsado a compararme y vencer"; y "bienes materiales que me siento impulsado a acumular", y tenemos tres de los siete clásicamente llamados pecados capitales: lujuria, ambición, usura. Una imagen del desastre: el avaro Harpagón (Molière) que malvive obsesionado por proteger la caja del dinero enterrada en su jardín y que destroza todas sus relaciones (hijos, pareja, amigos...) debido a esta obsesión.

 

Para evitar caer en el auto-centramiento, algunos promueven la represión de las pulsiones. En la represión "el sujeto rechaza, manteniendo en el inconsciente, pensamientos, sentimientos, deseos, etc., ligados a una pulsión" (Jordi Font). Pero la represión genera malestar interior: tensiones psíquicas y somatizaciones. Y también es una respuesta auto-centrada: guiada por una imagen ideal o pura de mí mismo.

 

Tal vez la solución des-centrada y sana consiste en la transformación de las pulsiones de manera que no sean ni depredadoras ni reprimidas. Esta transformación los psicólogos la llaman sublimación o simbolización: es el desplazamiento del objeto original al que se dirige la pulsión hacia un nuevo objeto que representa el antiguo objeto, sin perder sus características (Jordi Font). Sustituyamos respectivamente "objeto de placer" por "persona querida con quien crear una familia"; "Rival a vencer" por "compañero de ideales"; y "bienes a acumular" por "riqueza material para todos"... y tendremos la sublimación de las tres pulsiones mencionadas.

 

Las religiones ofrecen prácticas y formas de vida ("monjes y monjas") para transformar pulsiones. Concretamente, el cristianismo ofrece comunidades religiosas para vivir las promesas de castidad (amor a los menos atractivos, más despreciados y sufrientes), obediencia (amor humilde y abnegado) y pobreza (amor austero y solidario). El trabajo diario de estas promesas consiste en desplazar los objetos de las tres pulsiones hacia los más necesitados... y hacia Alguien - irreducible objeto - que nos inspira a amar entrañablemente todo y a todos.

 

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"Confucio dijo: 'El hombre noble está en guardia contra tres cosas. Cuando es joven y tiene todavía la sangre y el hálito inestables, está en guardia contra la sensualidad. Cuando llega a la edad robusta y tiene la sangre y el hálito en pleno vigor, está en guardia contra la pugnacidad [ganas de pelearse]. Cuando llega a la vejez y la sangre y el hálito declinan, está en guardia contra la codicia [ganas de poseer bienes]'. "Confucio Analectas XVI, n.7.

 

"Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: 'Sabéis que los que son reconocidos como gobernantes de las naciones las dominan como señores absolutos, y que los grandes los oprimen con su poder. Pero entre vosotros no debe ser así: el que quiera ser grande, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero, que sea esclavo de todos; como el Hijo del hombre, que no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por una multitud '. " Evangelio de Marcos 10, 42-45.

 

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· ¿Qué pulsiones entran en juego en los diversos ámbitos de mi vida (laboral, ocio, familiar ...)?

 

· En la vida laboral, ¿qué recursos tengo - o se me ofrecen- para que el trabajo no sea represión sino transformación?

 

· Analiza algún producto cultural (libro, película, serie, anuncio...) desde el punto de vista de si está incentivando el auto-centramiento o el descentramiento de las pulsiones.

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