Instituto de Innovación Social

La trampa de la «libre elección» en la era de las grandes tecnológicas

Liliana Arroyo |
La trampa de la «libre elección» en la era de las grandes tecnológicas

Presentar el debate como un enfrentamiento entre libertad y control genera una confusión muy conveniente

Mientras los gobiernos de toda Europa avanzan hacia la prohibición del acceso a las redes sociales para los usuarios más jóvenes, se ha intensificado el debate sobre la libertad individual, la verificación de la edad y los riesgos de la vigilancia masiva.

Las iniciativas nacionales destinadas a reforzar la protección de los menores en internet han provocado reacciones internacionales. Los planes de España para limitar el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años recibieron críticas de Elon Musk, quien afirmó que la libertad de expresión estaba amenazada. Por su parte, el consejero delegado de Telegram, Pavel Durov, advirtió de una deriva hacia un «Estado de vigilancia». La situación se repite cada vez que un gobierno europeo intenta regular las grandes plataformas digitales.

Esta retórica tiene precedentes. Durante mucho tiempo, la industria tabacalera defendió la «libertad de fumar», mientras los sistemas de salud pública asumían los costes derivados del cáncer y las enfermedades cardiovasculares. Quienes se oponían al uso obligatorio del cinturón de seguridad apelaban a la libertad de elección personal, aunque las consecuencias de los accidentes graves iban mucho más allá del individuo. En todos estos casos, las apelaciones a la libertad individual coexistían con una distribución conocida de costes y beneficios: los beneficios económicos seguían siendo privados, mientras que los daños se repartían entre toda la sociedad.

El mundo digital sigue una lógica similar. Las grandes plataformas en línea obtienen enormes beneficios gracias a modelos de negocio diseñados para captar, analizar y guiar el comportamiento de los usuarios, a menudo apelando a sus emociones. Sin embargo, también conllevan costes sociales significativos y bien documentados, como la adicción, el deterioro de la salud mental y la polarización del debate público.

Seguir leyendo (artículo en inglés)


Artículo de Liliana Arroyo, directora de la "Chair for Socially Responsible Digital Innovation" (SoReDI) y profesora e investigadora del Departamento de Sociedad, Política y Sostenibilidad de Esade, publicado en Euroactiv.com