En la era de las Big Tech, la «libre elección» es una trampa
En la pantalla de un móvil, un adolescente cree que escoge libremente que mira, que sigue y en que pasa el tiempo. Pero detrás de esta sensación de autonomía hay un sistema que decide por él qué es visible, qué es atractivo y qué es difícil de abandonar. Las grandes plataformas digitales han convertido la “libertad de elección” en una ilusión, sosteniendo un modelo basado en arquitecturas diseñadas para captar y retener la atención, adaptándose constantemente en sus usuarios y modelando los hábitos, las emociones e incluso la identidad. Así, aquello que se presenta como una defensa de la libertad individual a menudo sirve para evitar regulaciones que protegerían el bien colectivo, especialmente en el caso de los menores, que se encuentran en una clara desigualdad ante algoritmos capaces de aprender e influir en cada decisión. En este contexto, la verdadera cuestión no es si existe control, sino quien lo tiene y con qué reglas: si instituciones democráticas que buscan equilibrar derechos, o empresas que optimizan beneficios.
Artículo de Josu A. Eguíluz es profesor de Derecho Digital de Esade Law School; Irene Unceta es profesora de Datos, Analytics, Tecnología e Inteligencia Artificial de Esade; Liliana Arroyo es directora de la Chair for Socially Responsible Digital Innovation de Esade.