El interés por la fiscalidad internacional ¿es una moda pasajera o ha venido para quedarse?
Por Sergio Gorina, Director Asociado de Posgrados en Derecho Tributario
En un mundo cada vez más globalizado, se producen continuamente transacciones que sobrepasan las fronteras nacionales y que, en consecuencia, quedan afectadas por la fiscalidad internacional. Por su volumen, las operaciones más relevantes son las que se realizan dentro de un mismo grupo multinacional, pues se estima que representan más del 60 % de las transacciones comerciales en el mundo.
Entre este tipo de operaciones, figuran la firma de acuerdos de fabricación y/o distribución entre entidades de un mismo grupo situadas en países distintos; el cobro de royalties por la cesión de intangibles, como patentes o marcas; los pagos realizados por determinadas filiales como consecuencia de la centralización de los servicios de gestión (management fees) o por los intereses derivados del otorgamiento de préstamos, etc.
Desde el punto de vista fiscal, la fijación de precios en las relaciones comerciales y financieras entre empresas asociadas, especialmente si residen en jurisdicciones diferentes, ha adquirido una importancia capital por el altísimo potencial que tiene de traspasar artificialmente beneficios sujetos a imposición de unas jurisdicciones a otras.
Grandes grupos multinacionales y pequeñas empresas
Al margen de los grandes grupos multinacionales, existen numerosas pequeñas y grandes empresas que operan cada día con proveedores o clientes situados en otros países y que están apostando por la internacionalización de sus negocios (con presencia física en el extranjero o sin ella). Asimismo, la libertad de movimientos de capital y de trabajo también permite, con relativa facilidad, efectuar cambios de residencia fiscal, utilizar vehículos de inversión situados en otros países y diversificar las inversiones financieras y patrimoniales de personas físicas, empresas y grandes patrimonios.
Esta realidad global y compleja, que facilita enormemente el traslado de los negocios, las rentas y los patrimonios al extranjero, será vigilada cada vez más de cerca, principalmente por unos estados con elevados déficits públicos que buscan insistentemente equilibrar sus cuentas mediante subidas de impuestos y recortes de gastos, pero también por una opinión pública menos tolerante a las estrategias de la denominada "ingeniería fiscal".
A escala internacional, en 2013 la OCDE, siguiendo el mandato del G20, impulsó una iniciativa sin precedentes: el proyecto BEPS ("base erosion profit shifting") cuya finalidad es replantear la arquitectura fiscal mundial para luchar, de forma coordinada, contra la planificación fiscal agresiva y el traslado artificial de beneficios.
A escala nacional, el impulso de este proyecto coincidió en el tiempo con la creación de la nueva Oficina Nacional de Fiscalidad Internacional. Se trata de una unidad especializada en la dirección, la gestión, la planificación, el impulso y la coordinación operativa en materia de fiscalidad internacional, que tendrá competencia en todo el territorio nacional.
La fiscalidad internacional ha venido para quedarse
En definitiva, consideramos que la fiscalidad internacional ha venido para quedarse. Nuestra predicción es que, en el sector jurídico-profesional, se incrementará el número de especialistas formados en la fiscalidad aplicable a las transacciones internacionales, tanto de particulares como de empresas, que sean capaces de diseñar mecanismos de planificación fiscalmente eficientes y de eliminar las contingencias fiscales.
Para dar respuesta a esta creciente necesidad, ESADE lanzará en octubre de 2015 la titulación Experto en Fiscalidad Internacional, un programa que ofrecerá una visión integrada y práctica de las problemáticas y de las soluciones que ofrece la fiscalidad internacional en un relativamente corto espacio de tiempo.