El principio de neutralidad en situaciones de conflicto
Un principio que se ha visto trastocado durante la invasión de Rusia sobre Ucrania ha sido el de neutralidad. Cuando hablamos de ese principio debemos tener presente que su importancia histórica en los conflictos armados radica en que los estados que lo aplican evitan tomar partido por una de las partes y tratan de no favorecer a los ejércitos de una de ellas para perjudicar a la otra.
Sin embargo, la aplicación de ese principio no ha sido fácil de llevar a la práctica. En las dos guerras mundiales, la neutralidad se vio erosionada porque estas terminaron siendo globales y acabaron por involucrar a gran parte de los países de una forma u otra. Incluso, fue difícil para los estados mantener una posición de neutralidad sin tener en cuenta la necesidad de buscar aliados para protegerse.
Aparte, los conflictos actuales han dado importancia a la guerra económica, ya que contribuye a la destrucción total del enemigo porque permite aislarlo económicamente. Pero eso implica necesariamente presionar o disuadir a otros países para lograr ese objetivo. Esto se puede ver claramente en el conflicto relacionado con la invasión de Rusia sobre Ucrania.
Teniendo en cuenta lo anterior, debemos preguntarnos ¿Es factible aplicar o mantener ese principio de neutralidad en una situación como la que vive Ucrania? Todo parece indicar que no es factible. Por una parte, vemos que, tanto Finlandia como Suecia, han decidido romper con su posición tradicional de neutralidad en situaciones de conflicto. En los discursos que ambos gobiernos han ofrecido para formalizar su entrada a la OTAN queda patente su intención de adaptarse al entorno externo conflictivo que viven cerca de sus fronteras. Ambas naciones consideran que la entrada a esa organización contribuye a maximizar su seguridad y les permite anticiparse a una posible intervención o ataque del gobierno ruso en el futuro, en tanto desconfían de que Rusia respete su neutralidad.
Si nos centramos en el caso de Ucrania, también, podemos preguntarnos si sería una buena opción para ese país mantenerse como neutral para solucionar su situación frente a Rusia. Para dar respuesta a la pregunta debemos tener presente que Putin ha presionado para evitar que Ucrania sea miembro de la OTAN y la invasión del ejército ruso se ha justificado teniendo en cuenta, entre otros aspectos, ese objetivo. Por eso, Ucrania ha evitado solicitar su ingreso a la OTAN, como una medida prudencial para no complicar la situación que está viviendo ante los ataques militares del ejército ruso en gran parte de su territorio.
Sin embargo, la invasión rusa evidencia la dificultad del gobierno ucraniano de defender su soberanía e integridad territorial a pesar de los acuerdos que llegó a firmar con Rusia en los años noventa para que fuera respetada su soberanía territorial. De hecho, las exigencias maximalistas de Putin y su intervención en ese país utilizando como argumentos la desnazificación y desmilitarización, se pueden entender contrarias al acuerdo que firmó en 1990, en el cual Ucrania decidió renunciar a las armas nucleares que se encontraban en su territorio a cambio de que se respetara y reconociera como país independiente por parte de Rusia. Incluso, podemos señalar que Ucrania se vio forzada a dejar su estatus de neutralidad en 2014, como consecuencia de la anexión de Crimea por parte de Rusia y que las provincias de Donetsk y Lugansk vivieron proclamaciones de independencia ese año por parte de grupos prorrusos apoyados por Rusia
En consecuencia, considero que la opción de la neutralidad para Ucrania no puede verse como una posible solución, por la poca credibilidad que Putin ha generado en ese país y en Occidente con sus discursos y sus acciones bélicas en territorio ucraniano, especialmente, en la zona de Donbás, donde se ubican las provincias antes mencionadas. Eso permite entender por qué Ucrania ha decidido poner en marcha una actividad diplomática intensa para ser aceptado como miembro de la Unión Europea y buscado el soporte militar de la OTAN a pesar de no ser miembro de esa organización.
En conclusión, podemos decir que, en un mundo globalizado donde los vínculos económicos entre países son fuertes porque operan en el mismo sistema económico capitalista, las cuestiones de seguridad y defensa militar provocan que la aplicación del principio de neutralidad deje de tener sentido y obligan a los países a plantearse que vínculos deben tener con las diferentes organizaciones e institucionales internacionales que influyen en el sistema internacional. Por lo tanto, la neutralidad no forma parte del dilema que un país enfrenta en un conflicto en la actualidad, sino qué socios deben ser sus aliados y qué beneficios le pueden reportar en términos de seguridad.