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Una ciudad que incluye

En el 2014 se cumplen 20 años de la creación de la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras (AICE). Durante este periodo esta asociación se ha consolidado y crecido hasta reunir un gran número de ciudades representativas de todos los continentes.
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En el 2014 se cumplen 20 años de la creación de la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras (AICE). Durante este periodo esta asociación se ha consolidado y crecido hasta reunir un gran número de ciudades representativas de todos los continentes. Hace un mes se celebró en Barcelona su congreso bajo el lema ¿Una ciudad educadora es una ciudad que incluye". Hoy, más de la mitad de la población mundial reside en entornos urbanos y la previsión sigue al alza. Las ciudades son el escenario donde se manifiestan de forma más severa las diversas crisis que afronta el mundo actual; crisis cuyos efectos acentúan las situaciones de discriminación y exclusión.

La expresión general de la exclusión adopta hoy diversas formas en unos u otros países del mundo: desde urbanismos segregadores, hasta carencias y desigualdades en la oferta educativa o el abandono de muchas personas a un desempleo crónico, una vivienda precaria o inexistente, una grave carencia de asistencia sanitaria y social o el rechazo y la marginación cultural. La exclusión tiene múltiples dimensiones: social, económica, política, cultural, relacional, digital, generacional y de género, y se expresa de formas diversas: pobreza, desempleo o precariedad laboral, debilitamiento de las relaciones comunitarias y fractura del vínculo social, segregación espacial de la población, carencia de vivienda o precariedad de la misma, falta de acceso al transporte público, deficiente dotación de servicios públicos de calidad, ausencia de políticas de igualdad de oportunidades, etcétera.

En nuestras ciudades, la exclusión se concreta en algunos grupos humanos de manera más acentuada que en otros, principalmente por razón de género, orientación sexual, origen étnico o religión, o en grupos vulnerables como la infancia o las personas mayores, las personas con discapacidad o en desventaja social o económica; pero también cada vez más afecta a los desempleados y las clases medias, maltratadas y degradadas por los efectos de una crisis que, en algunas regiones del mundo, se está convirtiendo en estructural. La ciudad contemporánea, cuando se deja invadir por tendencias de signo segregador, acaba siendo un espacio de creciente desigualdad y exclusión social. Pero la ciudad puede ser también la mejor proveedora de recursos convivenciales, sociales y democráticos para promover la inclusión.

La política municipal permite incidir en las causas de la exclusión y transformar la realidad social a partir de acciones basadas en valores como equidad, solidaridad, respeto por las diferencias y promoción del desarrollo sostenible, generando sociedades más cohesionadas y democráticas que garanticen el ejercicio de los derechos básicos de la ciudadanía. Las ciudades educadoras potencian políticas de participación ciudadana, de trabajo y colaboración entre los agentes sociales y educativos que las configuran, dan relevancia democrática a sus acciones y pueden fortalecer la acción cívica, la inclusión social y la riqueza económica.

Una oferta educativa de calidad, ya sea en el ámbito formal o no-formal, basada en el principio de igualdad de oportunidades, puede convertirse en una herramienta clave para contrarrestar fenómenos de exclusión, con resultados exitosos a medio y largo plazo. La escuela juega un papel central por ser una fuente de conocimiento y de desarrollo de competencias personales necesarias para la vida y un laboratorio activo de diversidad social y cultural que permite formar a una ciudadanía responsable, crítica y participativa. Los gobiernos locales y el tejido asociativo pueden desempeñar un papel relevante en la creación de ciudades y comunidades más inclusivas y cohesionadas.

Las ciudades educadoras están mejor preparadas para luchar a favor de la cohesión social. Sus acciones se caracterizan por tener una visión integral y un enfoque transversal, por realizar políticas preventivas y proactivas para favorecer al máximo la inclusión, y por hacer propuestas decididas de acciones socioeducativas. Cuando el Estado de bienestar ha entrado en crisis, las ciudades educadoras se esfuerzan por proveer recursos, realizar una distribución equitativa de los mismos, potenciar, desde las entidades sociales y el voluntariado, unas políticas inclusivas que abracen toda la realidad comunitaria, orientadas por el principio de igualdad y no por ningún paternalismo; y por promover iniciativas y proyectos urbanos dirigidos a los más vulnerables, con servicios sociales suficientes y servicios de seguridad eficientes y respetuosos con los derechos humanos. No es casual que este encuentro se haya realizado en Barcelona. Aquí se creó la Asociación Internacional de Ciudades Educadoras y ha sido su actual alcalde el que ha insistido en proponer y defender el tema de la inclusión.