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Un país dividido y sin liderazgo

Resulta incomprensible que en una cuestión de tanto alcance para Gran Bretaña se convocara un Referéndum sin el requisito de mayorías cualificadas y sin evaluar los costes para la población.
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Resulta incomprensible que en una cuestión de tanto alcance para Gran Bretaña se convocara un Referéndum sin el requisito de mayorías cualificadas y sin evaluar los costes para la población. Los que hicieron campaña contra la UE prometieron que el país recuperaría el control de su soberanía: podrían rechazar a los inmigrantes y dejarían de estar sujetos a las directivas de los burócratas de Bruselas, designados, según ellos, de forma no democrática por los países miembros de la UE. Luego, en declaraciones a la BBC, reconocieron que habían exagerado las promesas.

Después del Referéndum y cuando David Cameron regresó del continente, los que votaron por el Brexit descubrieron que la nación podía quedar en el vacío. Les prometieron el mejor de los mundos y todo fueron verdades a medias. Al final pueden optar por el modelo que aceptó Noruega y mantener intercambios comerciales con la UE – 27, pero aceptando el libre movimiento de trabajadores y las reglas de la Comisión, contribuir al presupuesto de la UE y no tener derecho a voto ni a plantear ninguna propuesta.  Bajo este modelo sufrirían restricciones en sus transacciones de servicios financieros, tan necesarios para un país que tiene una Balanza de Pagos por Operaciones Corrientes deficitaria y en el que los servicios financieros  contribuyen al PIB con  cerca del 30%.

Fuera de este modelo está el vacío. Someterse a las normas de la Organización Mundial del Comercio (WTO, por sus siglas en inglés) y posiblemente perder buena parte de sus intercambios con la UE, que representan casi la mitad de sus exportaciones. Theresa May, ministro de Interior, se apresuró a volver al realismo. Lo que le conviene al Reino Unido es retrasar hasta fin de año la propuesta formal que establece el artículo 50 del Tratado de Lisboa en materia de una secesión de esta naturaleza, negociar durante dos años y luego esperar el voto  unánime de los veintisiete. 

New York Times advirtió que los británicos tienen (todavía) la mayor plaza financiera global, por encima incluso de Nueva York, pero que en Europa se estaba ensayando ya su sustitución, posiblemente por París, Luxemburgo, Frankfurt y quizás Dublín.  Todos intentarían atraer a los grandes bancos mundiales, al mayor sistema interbancario del mundo y los más sofisticados productos financieros, cotizados en mercados globales. Por ética, el Comisario para asuntos Financieros de la E-28, lord Hill, presentó su dimisión antes que David Cameron se dirigiera al Parlamento europeo. Ocupaba la delicada posición porque nadie mejor que él conocía los mercados financieros globales, pero el Brexit lo expulsó hacia la nada.

Los mercados son el mejor indicador de la distancia que existe entre las ilusiones y la realidad.  Horas antes de que intervinieran los bancos centrales la libra alcanzó el valor más bajo de los últimos 31 años contra el dólar y los bancos perdieron en Londres un tercio de su valor, pero luego los bancos centrales estabilizaron los valores. Y el 30 de Junio, el gobernador del Banco de Inglaterra aseguró que se tomarían todas las medidas necesarias para que se recupere la economía. En los últimos días, los fondos de inversión perdieron más de 20 mil millones de libras buscando inversiones más seguras. El impacto global no va a ser exagerado, pues Gran Bretaña sólo representa el 4% del PIB mundial. Para la UE, el gobernador Draghi advirtió que el PIB puede bajar un 0,50% durante tres años.

Tomemos una perspectiva histórica. En el Mayo Francés (1968) Cohn Bendit pidió “Seamos prácticos, pidamos la utopía”. El 26 J, los populistas quisieron alcanzar el cielo y perdieron más de un millón de votos y en Cataluña se dijo que algo estaba cambiando en la UE para los que estaban en la cola, pero en realidad el Brexit se llevó las ilusiones de los que querían salir a toda costa de Bruselas y quizás dio un vuelco a los resultados electorales del 26J, dejando en ridículo a las encuestas de uno y otro lado.

Escocia perdió el Referéndum de independencia en 2014, pero el partido en el poder, los  Nacionalistas Escoceses, dijeron siempre que si Gran Bretaña abandonara la UE sería un motivo justificado para plantear otro referendo de independencia. Como señaló The Economist, en 2014 muchos escoceses votaron permanecer en Gran Bretaña pues con ello permanecían en la UE.  Ahora todo ha cambiado para ellos y, mientras tanto, Irlanda del Norte y Escocia se platean la secesión. Como dijo Shakespeare, sabemos lo que somos pero no lo que somos capaces de hacer.