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Se aplaza la unión bancaria, y lo pagaremos muy caro

Los errores son siempre iniciales. Esperábamos mucho de la unión bancaria (a partir de aquí, UB), pero la cumbre de Bruselas del 27 de junio pasado terminó sólo con un acuerdo. Nuevo aplazamiento.
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Los errores son siempre iniciales. Esperábamos mucho de la unión bancaria (a partir de aquí, UB), pero la cumbre de Bruselas del 27 de junio pasado terminó sólo con un acuerdo. Nuevo aplazamiento.

Queda pendiente de la ley que promulgue el Parlamento Europeo y puede retrasarse algunos meses. Pero la cuestión no es trivial y nos obliga a revisar qué es la UB, qué persigue y cuáles pueden ser los riesgos colaterales de entrar en un periodo de incertidumbre por su precariedad.

Desde luego hemos perdido una oportunidad, porque se nos dijo que una UB era menos costosa que empezar por una unión fiscal. Es lo propio de la gobernanza de Bruselas. Dar dos pasos hacia delante y uno para atrás. Lo más urgente se convierte en lo importante. Las elecciones generales de Alemania lo complican más.

La UB tuvo un nacimiento peculiar. Puesto que no tenemos un banco central de último recurso, carecemos de un supervisor bancario único y tampoco tenemos una unión fiscal. Los distintos rescates que se produjeron desde mayo del 2010 aconsejaron que se creara una hoja de ruta hacia una UB (la Comisión Europea, 12 de septiembre, la calificó de roadmap towards a banking union).

El texto inicial mostraba su preocupación por las consecuencias de los rescates de varios países y la creación de un bucle infernal, en el que el aumento de la deuda soberana alimentaba los balances de los bancos y estos entraban en dificultades y no podían dar crédito a las pymes, las únicas que pueden crear empleo y aliviar el paro.

En el documento se evaluaba el coste de lo que han tenido que pagar los contribuyentes en el proceso de rescatar bancos en quiebra. Hasta el tercer trimestre del 2012, no menos de 4,5 billones de euros en la UE. Aproximadamente, cuatro veces y media el PIB o la riqueza creada en un año en España.

Un segundo elemento está presente en la "hoja de ruta hacia la UB". El euro puede fragmentarse en distintos mercados, porque mientras los países de la periferia del Sur pagan primas de riesgo excesivas para financiar su deuda pública (y por consiguiente las empresas), los de Europa Central lo hacen a unos costes que llegaron a ser casi una tercera parte de los que soportaban los que estuvieron en peores condiciones para financiarse en los mercados internacionales.

Una UB podría contribuir a la defensa de la integridad del euro y, al propio tiempo, reforzar el mercado único del sistema financiero.

El documento es realmente ambicioso, pero oportuno y necesario. Pretende que la banca europea se asiente sobre bases más sólidas. Tres ejes definen los fundamentos de la UB: (1) la supervisión y vigilancia de los bancos de cada país han de transferirse desde los reguladores nacionales a un plano superior, bajo la dirección de un supervisor único, es decir, del BCE; (2) no es posible que cada país tenga un sistema distinto de garantía de los depósitos bancarios de los ahorradores; es absolutamente necesario que el sistema de protección de esos depósitos sea común y, (3) las crisis bancarias deben tener una gestión integrada.

El Parlamento Europeo recomendó una vía que confirmaba los pasos previstos en la creación de la UB y fue muy preciso en cuanto a cómo se gestionaron las crisis bancarias que tuvieron efectos no deseados, cruzando fronteras, a pesar de los cortafuegos, en mayo del 2010.

El BCE será pieza clave en la unión bancaria con la supervisión y vigilancia de los bancos de cada país a su cargo (Chipre), donde los depósitos de más de cien mil euros sufrieron quitas, estimularon los intentos para que la hoja de ruta se materializara en una ley.

Después de la cumbre de Bruselas del 27 de junio, el ministro de Finanzas de Alemania fue muy explícito, "las reformas que se han introducido son un paso importante y demuestran que los accionistas y los acreedores de un banco que tenga dificultades van a ser los primeros responsables en una quiebra, y se empezará por ellos".

El sector privado deberá tener mayor responsabilidad y deberán hacer contribuciones antes de que se recurra a los recursos externos y a los contribuyentes.

En el fondo, sus declaraciones también podían interpretarse de otra forma: que cada palo aguante su vela, y si los fondos de accionistas y acreedores (bonos y obligaciones subordinadas) no son suficientes, en ningún caso deberán pagarlos los contribuyentes.

Si en el rescate de Chipre se cruzó por primera vez la línea roja de los depósitos, ¿qué confianza pueden tener los que tengan cuentas bancarias con saldos por titular y entidad de más de cien mil euros Un sistema de garantía común y una UB darían confianza a los que puedan tener algunas dudas, si bien cada Estado tiene hasta ahora su propio sistema de garantía de depósitos, con diferencias apreciables.

Habíamos puesto muchas esperanzas en la forma definitiva en que se rescatarían los bancos que tuvieran dificultades de capital. El Mecanismo Europeo de Estabilidad tiene un fondo de 500.000 millones para rescates, pero sólo 60.000 para los rescates bancarios.

Poco bagaje cuando en Europa existen todavía bancos zombis, los que acumulan pérdidas, han agotado su capital y ya no pueden prestar, porque carecen de recursos. España tiene tres (los nacionalizados) y varios Alemania (algunos de los Landesbank o bancos públicos de los länder).
La cuestión era decisiva y fue muy oportuno que el director de mercado de capitales del FMI, Ángel Viñals, insistiera meses atrás en que en los armarios de los bancos de algunos países europeos existen todavía cadáveres ocultos.

Para concluir: ¿qué seguridad tienen los ahorradores españoles de que no sufrirán alguna quita? Un banco español solvente puede ofrecerles una cuenta personal de hasta 100.000 euros y luego un fondo de inversión, en dólares o en euros, con una combinación que sea poco vulnerable a los vaivenes de las acciones.

La renta fija no lo es, porque baja de precio en el mercado si suben los tipos de interés o aumenta la aversión al riesgo. No es el mejor momento para invertir en países emergentes, porque sufren el ciclo bajista de las materias primas.