Articles

Residencias presidenciales

Muchos presidentes han preferido recibir a mandatarios extranjeros lejos de Washington. El tejano Lyndon B. Johnson, en su rancho junto al río Pedernales, o George H. Bush en su casa de Kennebunkport, en Maine.
ABC | | 3 minuts de lectura

Muchos presidentes han preferido recibir a mandatarios extranjeros lejos de Washington. El tejano Lyndon B. Johnson, en su rancho junto al río Pedernales, o George H. Bush en su casa de Kennebunkport, en Maine. Más cerca de la capital, Camp David es la meca oficial donde se corteja al visitante distinguido, la «Shangri-La» de F.D. Roosevelt, oculta en los bosques de Maryland. El actual inquilino, fiel a su gusto por mezclar intereses privados y cargo público, ha elegido Mar-aLago, en Palm Beach, un caserón histórico de los felices años 20. Este club y hotel es un negocio que renta más a medida que nuevos huéspedes oficiales lo visitan. El presidente chino Xi Jinping llega a la Florida beneficiado por la decisión de Trump de frenar el acuerdo Transpacífico de libre comercio, que proyectaba estándares americanos y cohesionaba a un grupo de países aliados muy cortejados desde Pekín.

También es muy consciente de la ignorancia del magnate neoyorkino en cuestiones de seguridad, a la vista de sus desenvueltas declaraciones sobre Taiwán y Corea del Norte, piedras en el zapato de los gobernantes chinos. La inesperada salida del agitador Steve Bannon del Consejo de Seguridad Nacional, el departamento más sensible de la Presidencia, es señal de que en adelante el teniente general McMaster servirá asesoramiento más experto a un Comandante en jefe apasionado de los tuits. Gideon Rachman, en su reciente libro «Orientalización», argumenta que asistimos a la continuación de un declive del poder americano iniciado con Barack Obama y que lo que emerge es un escenario multipolar, peligroso e inestable. El ascenso de China, apoyado en logros económicos y capacidades militares, se acelera por el repliegue comercial de la Administración Trump y su industrialismo de cartón piedra, enfrentado a los acuerdos sobre cambio climático. En lo que sí dan muestras de coincidir ambos líderes es en su despreocupación porque la libertad de mercado y los derechos humanos acompañen el nacimiento de otro orden mundial. Pero en el «China primero», que también por su lado enuncia el ilustre visitante, hay bastante más método y cautela que en el caluroso dueño del resort de Palm Beach.