Articles

Peor negociador del año

El referéndum por sorpresa y planteado como un chantaje se ha vuelto en su contra.
| | 3 minuts de lectura

Después del referéndum del domingo, con independencia de su resultado, cualquier medida para atajar la crisis griega será mucho más costosa. Este éxito no hubiera sido posible sin el errático comportamiento de Alexis Tsipras, quien en solo una semana ha conseguido el derrumbe de la exigua confianza que quedaba en su gobierno y en la economía helena.

 

En un pulso mal planificado con la Unión Europea, sin un análisis realista de objetivos, intereses y opciones, el primer ministro ha incurrido en innumerables contradicciones y ha envenenado la ya complicada relación con sus socios y acreedores, los mismos que se sentarán en la mesa de negociación en Bruselas la semana próxima.

 

El griego pasará a los anales de la historia de la UE como uno de los peores negociadores que se recuerda. El referéndum por sorpresa y planteado como un chantaje se ha vuelto en su contra. No se basa en una pregunta clara y hay serias dudas sobre su legalidad, por la falta de neutralidad del gobierno, la carencia de información y las dificultades para ejercer el voto en el entorno de excepción que supone el «corralito». Tsipras y los suyos inundan en estos días la televisión con mensajes del tipo «votar "no" nos permitirá conseguir un pacto mejor y seguir dentro del euro».

 

Si como predicen algunos sondeos, vence el "sí", será una desautorización en toda regla a la gestión paupérrima que ha hecho el actual Ejecutivo de los intereses griegos. Tsipras, el campeón de la confusión, se verá obligado a dimitir. La coalición de Syriza no le agradecerá los servicios prestados, porque puede perder el poder en unas nuevas elecciones, la salida más previsible: muchos ciudadanos votarán entonces por recuperar la estabilidad y afianzar la pertenencia al euro. Si sale el "no" el caos irá en aumento y el país habrá firmado su salida del euro, por mucho que haya intentos de última hora para salvar los muebles y el Banco Central Europeo no tenga prisa por apagar el interruptor.