Minerales de sangre
La película Diamante de sangre (2006), con DiCaprio al frente, nos recordó que ciertos minerales que consumimos vierten sangre donde son extraídos. No sólo los diamantes: también el oro, el estaño o el coltán, usado en aparatos electrónicos.
Visto desde el Norte, el problema implica la actuación sobre una cadena de valor que es larga, global y compleja. En el caso del coltán del este de la República Democrática de Congo, la cadena empieza con artesanos mineros que lo extraen de la selva y lo venden a comerciantes cerca de la mina.
Estos lo transportan a ciudades de cerca de Ruanda, desde donde cruza ilegalmente la frontera. De allí lo exportan a Tailandia, Malasia o China, donde es fundido, y enviado a empresas electrónicas del Norte para incorporarlo en sus productos finales. La sangre se derrama en la República Democrática de Congo, donde grupos armados obligan a los mineros a pagarles impuestos ilegales.
Una solución ensayada es el boicot de los consumidores a productos que incorporan minerales de sangre; pero estos boicots acaban afectando más a los artesanos mineros que a los grupos armados. Sin poder vender nada de mineral, los mineros se hunden más en la pobreza y los grupos armados, que controlan un territorio, pueden explotar otras actividades económicas.
El primer paso para una solución es combatir militarmente a estas milicias. A finales del 2013 la comunidad internacional apoyó al ejército congoleño, que ha vencido a la terrible milicia M23. El segundo paso es conseguir que las empresas electrónicas de los países ricos establezcan procesos de diligencia debida (due diligence): busquen y apoyen en las zonas de extracción proveedores (mineros y comerciantes) que les garanticen minerales limpios de sangre.
En la UE y en EE.UU. hay redes de oenegés promoviendo la aprobación de leyes que obliguen en sus empresas en la diligencia debida. Algunas empresas temen que la ley encarecerá los costes de aprovisionamiento: más ahora que China, Brasil o India están acentuando la competencia por estos recursos.
Pero todo es ponerse: la empresa Philips ha emprendido pacientemente un proceso de diligencia debida que le permite aprovisionarse de coltán sin sangre en el este de la República Democrática de Congo, contribuyendo así a la promoción de los mineros. Eso sí: con el apoyo del ejército congoleño... reforzado por la comunidad internacional.La película Diamante de sangre (2006), con DiCaprio al frente, nos recordó que ciertos minerales que consumimos vierten sangre donde son extraídos. No sólo los diamantes: también el oro, el estaño o el coltán, usado en aparatos electrónicos.
Visto desde el Norte, el problema implica la actuación sobre una cadena de valor que es larga, global y compleja. En el caso del coltán del este de la República Democrática de Congo, la cadena empieza con artesanos mineros que lo extraen de la selva y lo venden a comerciantes cerca de la mina.
Estos lo transportan a ciudades de cerca de Ruanda, desde donde cruza ilegalmente la frontera. De allí lo exportan a Tailandia, Malasia o China, donde es fundido, y enviado a empresas electrónicas del Norte para incorporarlo en sus productos finales. La sangre se derrama en la República Democrática de Congo, donde grupos armados obligan a los mineros a pagarles impuestos ilegales.
Una solución ensayada es el boicot de los consumidores a productos que incorporan minerales de sangre; pero estos boicots acaban afectando más a los artesanos mineros que a los grupos armados. Sin poder vender nada de mineral, los mineros se hunden más en la pobreza y los grupos armados, que controlan un territorio, pueden explotar otras actividades económicas.
El primer paso para una solución es combatir militarmente a estas milicias. A finales del 2013 la comunidad internacional apoyó al ejército congoleño, que ha vencido a la terrible milicia M23. El segundo paso es conseguir que las empresas electrónicas de los países ricos establezcan procesos de diligencia debida (due diligence): busquen y apoyen en las zonas de extracción proveedores (mineros y comerciantes) que les garanticen minerales limpios de sangre.
En la UE y en EE.UU. hay redes de oenegés promoviendo la aprobación de leyes que obliguen en sus empresas en la diligencia debida. Algunas empresas temen que la ley encarecerá los costes de aprovisionamiento: más ahora que China, Brasil o India están acentuando la competencia por estos recursos.
Pero todo es ponerse: la empresa Philips ha emprendido pacientemente un proceso de diligencia debida que le permite aprovisionarse de coltán sin sangre en el este de la República Democrática de Congo, contribuyendo así a la promoción de los mineros. Eso sí: con el apoyo del ejército congoleño... reforzado por la comunidad internacional.