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Macron entra en escena

Uno de los aciertos de Emmanuel Macron durante la campaña ha sido apelar a un patriotismo francés del todo compatible con la integración europea
Grupo Vocento | | 3 minuts de lectura

Uno de los aciertos de Emmanuel Macron durante la campaña ha sido apelar a un patriotismo francés del todo compatible con la integración europea. Esta aparente contradicción en un candidato que había defendido en sus primeros compases nada menos que «la soberanía europea» es un ejercicio de lucidez. Como ha explicado el gran teórico de la integración Joseph Weiler, solo desde la recuperación del aprecio por la identidad de cada país, embridada por la democracia liberal y sujeta a la disciplina de las instituciones europeas, es posible que el voto moderado siga decidiendo los gobiernos en los Estados miembros de la UE.

La demagogia antisistema de Le Pen, Wilders o en España de Podemos lleva a la exaltación soberanista en contra del proyecto europeo y de la globalización, como si fueran dos realidades idénticas. Frente a esta peligrosa caricatura, no sirve enarbolar datos económicos y utilizar un lenguaje tecnocrático desprovisto de emociones para justificar los beneficios de la apertura económica mundial. En su camino hasta el Elíseo, Macron ha puesto el acento en el orgullo de pertenencia tanto a Francia como a una Unión Europea, cuya existencia, por cierto, no está dispuesto a poner en duda a través de la ruleta rusa de la democracia directa. A la mayoría de los franceses les ha convencido su mensaje, aunque buena parte del voto recibido haya sido también un reflejo del miedo a la ultraderecha en ascenso.

El nuevo presidente tiene por delante retos enormes. Tras las elecciones legislativas de junio, deberá conformar una mayoría en la Asamblea Nacional con la que poder poner en marcha su programa de reformas económicas y sociales en una Francia muy dividida. Macron no ha tenido tiempo de crear un partido y necesita amalgamar con rapidez distintas formaciones políticas moderadas. Otro desafío de envergadura similar será convertirse en algo más que el socio junior de Angela Merkel (o de Martin Schulz, si éste llega a dar la sorpresa en las elecciones de septiembre).

En Alemania, el Gobierno de gran coalición ha puesto en pausa la integración europea. No siente la urgencia de completar el rediseño de la moneda común, no vaya a dar alas a los antieuropeos de sus extremos. Además, el trauma del 'Brexit' inunda toda la agenda de Bruselas y ha dejado a Merkel sin su mejor aliado en asuntos económicos internacionales. Macron coincide con la canciller en la combinación de recetas liberales y política social y en la promoción de mercados abiertos para las empresas europeas, frente al proteccionismo de Washington o de Pekín. Ambos son líderes pragmáticos, adaptativos, cosmopolitas. Tienen la misma actitud de firmeza ante el terrorismo e igual preocupación por proteger la dignidad humana de los refugiados. Merkel se sitúa a la izquierda de su partido y Macron ha dejado el credo socialista para moverse hacia el centro. Ojalá sepan hacer funcionar de nuevo el tándem francogermano, sumando sus sensibilidades nacionales a un proyecto europeo atractivo para el conjunto de sus socios.