La espada de Trump
Henry Kissinger, longevo entre los veteranos de la vida política norteamericana, guardará en su retina el cese del director del FBI, James Comey, una decisión tomada por Donald Trump horas antes de hacerse la foto con el ex secretario de Estado. El director de la agencia acababa de solicitar más recursos para investigar la interferencia de Rusia en las elecciones de noviembre. El presidente había dicho en público que Comey contaba con su confianza, aunque insistía en que los lazos más estrechos con Vladimir Putin los tenían los demócratas.
La imagen de Richard Nixon despidiendo al fiscal especial del Watergate, Archibald Cox, viene enseguida a la memoria. Pero la destitución de Comey es más que una medida defensiva para tener bajo control al FBI, una agencia “guardiana de la Constitución, en palabras de su ex director. La razón oficial de que Comey se marche tras mucho antes de cumplir diez años de mandato es su torpe investigación de los correos de Hillary Clinton, con declaraciones y conjeturas que pudieron interferir en la campaña. Al menos así lo dice la carta de Trump anunciándole el cese, en la que le agradece además que le haya informado tres veces de que él no está siendo investigado por sus conexiones rusas. Hay una tercera explicación más probable y banal, la rivalidad entre Trump y Comey. Ambos tienen a gala ser impredecibles. Hace unos días Hillary Clinton dio a entender que las sospechas de Comey sobre ella le hicieron perder las elecciones.
Esto es algo que Trump no puede aceptar: la estrecha victoria gracias a la diferencia de 70.000 votos en tres Estados se debió solo a su talento y genio político. Nadie más puede compartir este mérito. La marcha de Comey, temen los asesores del presidente, tendrá un efecto “boomerang y no parará la investigación del espionaje ruso. A partir de ahora, el Senado redoblará su escrutinio propio sobre del asunto, con más ahínco y sumando algunos apoyos republicanos. El cese fulminante desata una tormenta más sobre Washington, solo que el inquilino de la Casa Blanca esta vez descargará sin pararrayos.