La cuerda de Mario Draghi
La política monetaria es como una cuerda. Sirve para estirar, con subidas del tipo de interés cuando el ciclo se desboca por la inflación. Pero reduce mucho su funcionalidad si se trata de empujar una economía que adolece de dinamismo.
La economía de la Unión Europea está estancada, con bajo crecimiento de la actividad y sin inflación. El Banco Central Europeo (BCE) está instrumentando una política monetaria expansiva sin precedentes. El tipo de interés está situado en el 0.05%. El Consejo de Gobierno ha autorizado programas de inyecciones masivas de liquidez, a plazos dilatados y con colaterales de garantía que ponen de los nervios a las autoridades alemanas. Una barra libre monetaria que está agotando el argot de letras del abecedario. Todavía resuena el eco de la admonición de la canciller Ángela Merkel cuando se ha pedido a la autoridad monetaria la transgresión de su mandato estatutario: "Ich bringe mich nicht selbst um" ("yo no me suicidaré").
Al otro lado del Atlántico, el Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de la Reserva Federal ya ha retirado los estímulos, y el escrutinio de las actas de sus reuniones atisba la progresiva normalización de tipos de interés en el horizonte 2015. Estados Unidos es el único motor de la economía mundial. El ciclo económico expansivo americano y los diferenciales de tipos de interés están impulsando la apreciación del dólar.
La Reserva Federal norteamericana, con la alargada sombra histórica de la Gran Depresión de 1929, ha financiado (Quantitative easing) las necesidades financieras del Gobierno Federal. En la Unión Europea, el infausto recuerdo de la hiperinflación alemana de los años veinte lastra la acción del BCE. La complejidad política e institucional europea, y la asincronía cíclica de sus economías, no ponen las cosas fáciles. Desde el encuentro de Jackson Hole (Wyoming, agosto del 2014), Mario Draghi clama a los gobiernos por políticas fiscales y reformas estructurales que, mejorando la competitividad y la productividad, impulsen el crecimiento de la economía europea y reduzcan las tasas de desempleo.
Los operadores en los mercados financieros -y Grecia- verán frustradas las expectativas depositadas en el Consejo de Gobierno del 22 de enero del 2015. El BCE no actuará contra lo que dicen sus propios estatutos.