Articles

Independentistas sin fronteras

La campaña para atraer a su causa a gobiernos y opiniones públicas de países importantes ha fracasado
La Verdad | | 3 minuts de lectura

Una de las iniciativas centrales del independentismo catalán ya ha fracasado antes de que comenzara ayer la tramitación de la ley del referéndum. Se trata del intento de atraer a su causa a gobiernos y opiniones públicas de países importantes. Ha sido una campaña fallida, a pesar de la generosa financiación con la que ha contado y el tesón de sus agentes. Ningún líder con peso político en el mundo y en especial dentro de la Unión Europea y de Estados Unidos apoya la secesión unilateral de Cataluña. Por el contrario, preocupa el test de stress al que somete al conjunto de España un proceso tan confuso, arbitrario y en contra del Estado de Derecho en todos y cada uno de sus términos. Sin el reconocimiento internacional del nuevo país, incluida una inexistente vía europea que asegurase la permanencia en la Unión, el proyecto independentista es si cabe más inviable. Hace dos años cuando el rey Felipe VI visitó al presidente Obama en Washington, éste formuló una doctrina clara al respecto, «Estados Unidos quiere una España fuerte y unida». Todo indica que Donald Trump, quien recibirá al presidente Rajoy dentro de unos días, hará explícito este apoyo con una contundencia parecida. España es un aliado de Washington de primer orden en cuestiones de seguridad y defensa. La actual relación política y económica es muy estrecha y depende más de la geografía y de la historia que de vaivenes electorales. Por parte de la UE, su cúpula de poder entiende que ante el secesionismo catalán es de aplicación el artículo 4.2. del Tratado UE. Dicho precepto establece que la UE respetará las funciones esenciales del Estado, especialmente las que tienen por objeto garantizar su integridad territorial, mantener el orden público y salvaguardar la seguridad nacional. Además, en Bruselas y en las capitales nacionales la defensa del orden constitucional no es solo una cuestión interna española. El intento de voladura de la democracia en un Estado miembro es contrario a la razón de ser de la UE. La eventual desintegración de cualquiera de sus Estados contradice los valores más profundos de la integración europea: la solidaridad y la unión entre las personas. El proceso de integración exige vivir la interdependencia entre territorios con lealtad y solidaridad, de modo que todas las identidades sean compartidas, compatibles y abiertas y se deje atrás la mentalidad de pueblos monolíticos, excluyentes y cerrados. El desprecio hacia las formas y los valores democráticos por parte del secesionismo catalán hace un flaco favor a la imagen que quieren proyectar en el mundo. El lobby de los independentistas sin fronteras ha constatado que no puede aspirar a ningún otro nombre.