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Europa y nuestro paro juvenil

En estos tiempos en los que, con razón, tanto preocupa el elevado nivel al que ha llegado el paro de los jóvenes en nuestro país, convendría analizar con objetividad qué medidas se deben tomar para combatirlo y no hacerse excesivas ilusiones de lo que pueda aportar para ello la UE, concretamente en la reunión del Consejo Europeo, aunque se haya propuesto entre sus objetivos un plan de choque contra el desempleo juvenil.
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En estos tiempos en los que, con razón, tanto preocupa el elevado nivel al que ha llegado el paro de los jóvenes en nuestro país, convendría analizar con objetividad qué medidas se deben tomar para combatirlo y no hacerse excesivas ilusiones de lo que pueda aportar para ello la UE, concretamente en la reunión del Consejo Europeo, aunque se haya propuesto entre sus objetivos un plan de choque contra el desempleo juvenil.

Existe el riesgo de que la estrategia se centre casi exclusivamente en conseguir recursos económicos, que es lo que puedan aportar los organismos comunitarios, y que se olviden otras medidas que harían efectivos esos estímulos, pero que han de ser tomadas en nuestro propio país.

La amenaza del desenfoque, que podría tener este planteamiento, podría agravarse por el pacto que afortunadamente han acordado los dos grandes partidos nacionales, PPy PSOE, para presentar las demandas de nuestro país en la mencionada cumbre.

Para conseguir llegar a un acuerdo el señor Rubalcaba ha tenido que renunciar a esa propuesta, que tan bien resume sus planteamientos, de recurrir, para combatir esta lacra del desempleo, a 30.000 millones de euros, de los que no se gastaron del reseate ofrecido a la Banca.

Afortunadamente el Presidente del Gobierno rechazó consensuar un pacto con una medida que, entre otras cosas, suponía «volver a las políticas que nos han traído hasta aquí», aunque las preocupaciones que su partido e demostrando en la reuniones previas sobre la liberalización de los fondos para luchar contra el desempleo hacen temer que sus líneas estratégicas no estén claramente definidas.

Como es lógico la UE no desconoce la importancia que puede tener la ayuda económica para que a través de una mayor actividad de las empresas, especialmente de las pymes, se creen puestos de trabajo que puedan absorber el paro juvenil.

En el Consejo Europeo celebrado en febrero se aprobó, en el marco del acuerdo sobre los Presupuestos para 2014-2020, una partida del 6.000 millones de euros para combatir el desempleo juvenil. Y en el mes de mayo Francia y Alemania acordaron que el Banco Europeo de Inversiones pueda garantizar con esa cantidad la obtención de 60.000 millones de créditos blandos para las empresas que se comprometan a contratar a jóvenes.

Y, por si esto fuera poco, al terminar el mismo mes, en una reunión celebrada en Paris y convocada por Instituto Berggruen, las cuatro mayores economías de la zona euro acordaron, siguiendo en la misma línea de aportar recursos económicos, una serie de medidas para acelerar las inversiones contra el paro juvenil.

En términos parecidos se celebró en Roma el 15 de junio una reunión de los Ministros de Trabajo y Economía de Alemania, Francia, Italia y España y, aunque no se llegó a ningún acuerdo, se acercaron posiciones para intentar que se liberen más fondos para luchar contra el paro juvenil, facilitando la financión de pymes.

No puede quedar, por tanto, ninguna duda de que se quiere facilitar la cobertura de uno de los frentes fundamentales en la lucha contra el desempleo, pero el error sería olvidar que se requiren otras medidas, de muy distinta naturaleza para ser efectivos.

Por eso en los medios europeos se advierte que los Gobiernos de los países beneficiarios, y concrétame el del nuestro, han de complementar a ayudas con mejoras en el sistema educativo, especialmente en la formación profesional y en la potencialización de la educación permanente, ya que la búsqueda de trabajo y la cualificación están muy correlacionadas.

También se insiste en la mejora de las políticas activas de empleo, modernizando los servicios públicos correspondientes así como en el cumplimiento de las demás recomendaciones que la Comisión hizo públicas a finales del mes de mayo.

Los organismos internacionales proponen también otras medidas para eliminar las excesivas regulaciones del mercado de trabajo, de manera que el empleo de los jóvenes no se encarezca innecesariamente.

En esta dirección se orienta el Informe anual que acaba de dar a conocer el FMI en el que se propone proseguir con la reforma laboral para hacer todavía más flexible el mercado. Y algunos expertos internacionales incluso recomiendan que se analice si salarios mínimos legales excesivos pueden ser una barrera que impida que puedan entrar en el mercado jóvenes poco cualificados.

Estas y otras muchas actuaciones que complementarían la eficacia de las estímulos económicos, que se ofrezcan a las empresas para la contratación de los jóvenes, pueden tener unas consecuencias negativas en la cohesión social, pero para valorarlas, en su justa medida, se han de tener en cuenta las nuevas circunstancias en las que, por los efectos de la globalización, se ha de desarrollar la vida económica y social de cualquier país.