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Europa compra seguridad

La clave para evitar la desintegración de la Unión sigue siendo el liderazgo de Angela Merkel
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La cumbre de Bratislava, con la silla británica vacía, fue convocada para evitar que el Brexit se convierta en una bomba de efectos retardados. Pero como bien ha dicho Jean-Claude Juncker en su discurso sobre el estado de la Unión, nunca en la historia de la integración ha habido tan poco acuerdo entre los gobiernos nacionales sobre qué hacer juntos. El luxemburgués ya no dice pero sabe que tampoco se recuerda un momento en el que las instituciones de Bruselas fueran vistas con tanto recelo. Los del grupo de Visegrado aspiran a disfrutar de la soberanía nacional, Alemania simpatiza con la reserva de sus socios del Este y la suma de Francia e Italia no es suficiente para reorientar la eurozona, cuyo desarrollo ha congelado Berlín.

La clave para evitar la desintegración de la Unión sigue siendo el liderazgo de Angela Merkel, aunque su impopular política de acogida de refugiados le haya debilitado. La canciller pretende ganar tiempo antes de la cuentra atrás del Reino Unido y pactar un Brexit incruento, en el que la segunda economía europea siga muy conectada con el continente. Hace tiempo que no viaja en tándem con París, no quiere encabezar directorios en una Unión más pequeña y se fía cada vez menos de la Comisión. Merkel sabe que no hay una demanda generalizada de hacer «más Europa» mientras asiste al auge de los populismos soberanistas. Por ahora se centra en un único proyecto, una «Europa de la seguridad», que Francia querría convertir también en iniciativa de defensa. Al menos, la intensificación de la coordinación entre ministerios del Interior para controlar las fronteras exteriores y luchar contra el terrorismo será un paso apreciado por la mayoría de los ciudadanos europeos.

El disenso en Bratislava sobre muchos otros asuntos es comprensible, porque la multiplicación de crisis europeas anima al sálvese quien pueda. A partir de este cónclave, el objetivo debería ser evitar las oraciones fúnebres por la UE, esbozar proyecto a proyecto su futuro y dentro de seis meses celebrar como lo merece el 60 aniversario del Tratado de Roma.