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Empresarios y democracia

Por Miguel Trias Sagnier. Catedrático de Derecho Mercantil, ESADE Law School.
La Vanguardia | | 3 minuts de lectura

Con la caída del muro de Berlín se adivinaba una nueva era en la que la democracia se asentaría y extendería por todo el mundo como el sistema propio del capitalismo liberal triunfante. Liberalismo y democracia cumplirían el papel globalizador que Karl Marx tenía reservado al internacionalismo comunista. Y es innegable que el sistema liberal de mercado se ha impuesto y ha ido rompiendo barreras nacionales.

Pero la otra pata de la ecuación se ha quedado atrás. Lejos de asentarse como el sistema político imperante, es cuestionada cada vez más. China desprecia la democracia, confrontando su partitocracia ilustrada como un mejor sistema de gobierno. Rusia y otros países excomunistas han transitado hacia sistemas semi-autoritarios. Países que se presentaban como modelos de nuevas democracias emergentes como Turquía, Sudáfrica o Brasil se debaten entre la deriva cesarista y la corrupción generalizada. Y en Europa y Estados Unidos los populismos de diverso pelaje acosan el sistema desde sus márgenes. Se han cobrado su primera gran pieza con el Brexit. Y ahora viene el gran envite en las elecciones norteamericanas de noviembre.

¿Alguien en su sano juicio cree que un presidente como Donald Trump hará progresar el bienestar en Estados Unidos y entregará de aquí a ocho años un mundo más próspero bajo el liderazgo de la primera potencia mundial? ¿Cómo puede ser que los sondeos le sean cada vez más favorables? La disociación entre las élites económicas (e intelectuales) y el electorado es evidente. Como lo fue en el caso del Brexit. Se alude con razón al empobrecimiento de las clases medias, perdedoras en el proceso de revolución tecnológica y globalización. Las bases electorales que conformaban el pilar de las democracias occidentales acuden en búsqueda de fórmulas salvadoras. Y la tendencia se acentuará si no somos capaces de alcanzar un nuevo consenso social. No podemos esperar que la política se recomponga por sí sola. Se requiere Política en mayúsculas. Y ésa es cosa de todos. En primer lugar de los líderes empresariales y financieros que, en definitiva, son los que controlan esa dinámica de flujos tan etérea qua llamamos los mercados.

Se habla frecuentemente de responsabilidad social de la empresa y el discurso suele acabar en una cuidada memoria. Pero la auténtica responsabilidad social de los empresarios y de las élites económicas es hoy renovar el pacto social que hizo posible la democracia y que pasa necesariamente por hacer partícipes a las clases medias de los beneficios de la globalización y de la revolución tecnológica.

Decía Milton Friedman que la responsabilidad social de las empresas es generar beneficios. Incluso desde esta discutible perspectiva, la dinámica de populismo y proteccionismo sólo llevará al empobrecimiento y a la reducción del beneficio empresarial. Se requiere la visión y voluntad que otros empresarios tuvieron para asumir los retos que su tiempo les planteó.

Por Miguel Trias Sagnier. Catedrático de Derecho Mercantil, ESADE Law School.