El líder ausente
Fruto de los últimos encuentros, conferencias o charlas a los que he asistido y en que se ha abordado el tema tan candente e importante del liderazgo, me ha parecido que, cada vez más, se están malinterpretando algunos aspectos clave.
Escucho decir frases, sentencias o definiciones tales como: "El buen líder es aquel de cuya presencia podría llegar a prescindirse". O bien, "el auténtico líder es aquel que se pone a la retaguardia de su equipo". O "el líder verdadero tiene la humildad como para seguir a su gente". O sentencias que llegan incluso a defender que "el líder gestiona desde los silencios y los gestos".
Considero que se está confundiendo el hecho de que un líder sea una persona que inspira, que orienta, que marca una dirección o que saca lo mejor de cada uno de sus subordinados con el hecho de que ser líder consista en que todo llegue a funcionar sin su presencia. Estamos ante una deformación de la verdad. Un líder ausente no es un líder, eso sería un vacío de sentido, autoridad y seguridad para su equipo. El liderazgo tampoco son silencios o gestos.
Liderar significa ser la persona a la que todo el mundo mira cuando surge una duda, un contratiempo. Y para eso hay que estar ahí. Permanentemente. Los líderes deben estar siempre presentes porque infunden seguridad y tranquilidad a quienes de ellos dependen. Uno de los mayores problemas para quienes gestionan el día a día de empresas u organizaciones es vencer a la incertidumbre. En realidad, nadie sabe lo que va a pasar. El líder tampoco. Pero no lo demuestra. Recaba toda la información y toma una decisión. Los demás creen en su intuición, en su inteligencia. Y así no tienen que dudar o sufrir. El líder lo hace por ellos.
Los líderes ausentes no sirven de nada. Son un sucedáneo, un timo, son un signo de cobardía e incompetencia. Los líderes pisan y pisan fuerte. Alzan la voz para que se les oiga bien y se ponen al frente. No siguen al grupo, es el grupo quien lo sigue a él o ella. Y eso no significa autocracia, tiranía o ausencia de libertad o permisos. Porque lo verdaderamente importante es saber en qué aspectos hay que liderar y en qué otros hay que dejar a la gente que marque el camino. Por tanto, el líder no es aquel que calla. Es aquél que sabe en qué ha de callar y en qué ha de hablar. Y se asegura de que lo estén viendo.
Pensemos en un grupo de scouts en una travesía por la montaña. Nadie pierde de vista al líder. Si no estuviera, todos dudarían sobre cuál es la ruta, cuál el sendero, cuándo detenerse a descansar y cuándo acelerar la marcha o variar la ruta. Eso sí, el líder deja que otro decida las canciones a cantar mientras caminan. Y les aseguro que no se coloca en el último lugar de la hilera.