Daniel Goleman irrumpió en la escena literaria y científica en los años 90 con su obra *Inteligencia emocional*, un libro que introdujo el término en el vernáculo común. Este concepto nos invita a reflexionar sobre su impacto más allá de lo personal, extendiéndose hasta el mundo de los negocios.

Te propongo un pequeño ejercicio: piensa en alguien de tu entorno que consideres que posee una alta inteligencia emocional y descríbelo con tres adjetivos. ¿Lo tienes? En Esade, hemos llevado a cabo este ejercicio en numerosas ocasiones, y las respuestas suelen tener un denominador común: se describen a estas personas como calmadas, positivas, consideradas y amables. Esto nos lleva a plantearnos varias preguntas críticas sobre la inteligencia emocional en un contexto empresarial: ¿Es realmente la inteligencia emocional un activo deseable en el liderazgo y el ámbito de los negocios? ¿Una personalidad inherentemente amable enfrentará obstáculos al tomar decisiones difíciles, las cuales, aunque impopulares, son necesarias para el bienestar del equipo? ¿Tiene la suficiente capacidad de innovación? ¿Y qué hay de proporcionar feedback constructivo para corregir comportamientos dentro del equipo?

En esta entrada de blog, nos proponemos desvelar este enigma, adentrándonos en la definición de inteligencia emocional, su porqué y cómo esta se convierte en una herramienta fundamental para aquellos que aspiran a destacar en el sector de los negocios. Exploraremos cómo podemos evaluar nuestra propia inteligencia emocional y, lo más importante, cómo podemos desarrollarla para convertirnos no solo en mejores profesionales sino también en mejores líderes.

¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional consiste en la capacidad de comprender y manejar nuestras propias emociones, además de conectar con las emociones de quienes nos rodean. Tal habilidad no solo nos permite navegar el torrente de nuestras propias experiencias emocionales con mayor sabiduría y serenidad, sino que también nos faculta para influir positivamente en nuestro entorno social y laboral.

Se expresa a través de las competencias, características medibles de una persona que diferencian el nivel de desempeño en un trabajo, rol, organización o cultura.

Este concepto se sostiene sobre cuatro pilares fundamentales, cada uno representando una dimensión crítica de la inteligencia emocional:

1. La Autoconciencia Emocional

Se trata de la habilidad para identificar y reconocer nuestras propias emociones. Esta conciencia de sí mismo viene acompañada de una segunda dimensión que es la toma de conciencia del impacto que uno tiene en los demás y, por lo tanto, de entender como viven tu liderazgo.

2. La Consciencia de los Demás

Este pilar abarca nuestra capacidad para percibir y entender las emociones de las personas a nuestro alrededor. Se expresa en competencias tales como la empatía o el conocimiento profundo de la organización.

3. La Auto Gestión Emocional

Se refiere a la capacidad de regular y manejar nuestras emociones, permitiéndonos dirigir nuestra energía emocional de manera constructiva. Se expresa en competencias como orientación al logro, adaptabilidad y autocontrol emocional.

4. Las Habilidades Sociales

Este pilar se enfoca en nuestra aptitud para crear y mantener relaciones interpersonales saludables y constructivas. Incluiría competencias como las de gestionar conflictos, influenciar o trabajar en equipo

Dentro de cada uno de estos cuadrantes, emergen como se ha señalado competencias emocionales y sociales, capacidades que ciertamente pueden ser aprendidas y desarrolladas por todas las personas y que son motores de un desempeño sobresaliente en el ámbito empresarial.

Cuadro con el detalle de todas las competencias emocionales clasificadas por tipología

Ahora comprendes que la inteligencia emocional trasciende la mera capacidad de ser calmado, positivo, considerado y amable. Estas características son, sin duda, aspectos relevantes del autocontrol emocional. No obstante, la inteligencia emocional abarca un espectro mucho más amplio.

¿Por qué debería importarte la inteligencia emocional?

Daniel Goleman, en su obra fundacional sobre la inteligencia emocional, planteaba una intrigante observación: frecuentemente, el individuo más brillante de la clase, aquel con el coeficiente intelectual más elevado, no necesariamente es quien logra el mayor éxito en el ámbito empresarial. Profundizando más allá de esta mera curiosidad, emergen razones contundentes por las cuales la inteligencia emocional debería captar tu atención:

  1. La Inteligencia Emocional como Meta Habilidad:
    La inteligencia emocional actúa como una meta habilidad, esto es, potencia y complementa cualquier otra destreza o capacidad intelectual que poseas. Para ilustrar esta idea, permíteme traer a colación un ejemplo. Numerosos estudiantes que deciden formarse en Esade provienen de diversos países. Para muchos de ellos, esta experiencia representa la primera vez viviendo solos, lejos de un entorno familiar y en una ciudad vibrante con tentaciones como Barcelona. En este escenario, el autocontrol emocional –la capacidad para resistir la llamada de las distracciones y concentrarse en preparar el examen del día siguiente– se revela tan crucial, si no más, que la mera capacidad intelectual 
  2. El Liderazgo, una Profesión Intensiva en Relaciones Sociales:
    Reflexionemos sobre cuánto tiempo invierte un líder en comunicarse con otros. Entre reuniones de diversos tipos y la redacción de correos electrónicos, algunos estudios sugieren que una figura directiva puede pasar más del 85% de su tiempo en interacciones intensas con su entorno. Por consiguiente, un elevado grado de inteligencia emocional –consideremos, por ejemplo, la habilidad para influenciar positivamente a otros, una competencia clave del cuadrante de habilidades sociales– puede marcar significativamente tu efectividad como líder futuro. Esto puede permitirte sintonizar con los miembros de tu equipo y ayudarles a a descubrir y poner en acción lo mejor de sí mismos.
  3. La Diferencia entre un Líder Promedio y uno Excepcional:
    ¿Cuáles son los comportamientos que distinguen a un directivo excepcional de uno mediocre? Organizaciones y académicos han indagado sobre esta cuestión durante años, concluyendo en múltiples ocasiones que una diferencia determinante radica en el nivel de inteligencia emocional de los líderes. Por ejemplo, en el celebrado Project Oxygen de Google, se identificaron comportamientos de sus directivos más destacados. Los hallazgos revelaron que los mejores gerentes no solo eran excelentes coaches y promovían la autonomía de su equipo, sino que también manifestaban un sincero interés por el bienestar de sus miembros.
  4. La importancia de reconocer nuestra mentalidad (Mindset) subyacente.
    Nos referimos a la forma en que vemos y consideramos el mundo. Cómo vemos a los demás, a nosotros mismos, a las circunstancias y a los desafíos, oportunidades y obligaciones. Ser conscientes de que esta proyección nos lleva a menudo a la autojustificación o a la atribución a los demás de nuestros propios errores. Superar esa ceguera nos permitirá ver nuevas posibilidades y resolver problemas enquilosados desde hace tiempo.

¿Cómo puedes conocer el grado de tu inteligencia emocional?

En entornos académicos y empresariales, se han empleado tres métodos para evaluar la inteligencia emocional de los candidatos, sea para determinar su idoneidad para un puesto específico, o de los trabajadores, con el objetivo de fomentar su desarrollo personal y profesional.

  1. Entrevistas de Incidentes Críticos: En este tipo de entrevistas, se solicita a la persona que describa experiencias de éxito y fracaso. Mediante el análisis detallado de los eventos y las emociones que el individuo comparte, es posible esbozar un perfil de sus competencias emocionales y sociales.
  2. Balance personal (Balance sheet): Herramienta muy útil para ayudarte a organizar tus pensamientos en aquellos aspectos de tu vida relacionados con tus fortalezas y debilidades, actuales y a largo plazo, centrándose en el crecimiento y el bienestar personal. Sirve para discernir sobre cuáles son mis fortalezas características y las necesidades de desarrollo que conviene abordar.
  3. Encuestas de 360 Grados: Estas encuestas evalúan comportamientos observables vinculados con distintas competencias de la inteligencia emocional. Denominadas así porque incluyen la solicitud de feedback de quienes nos conocen bien en múltiples entornos y desde diversas perspectivas en el ámbito profesional (colegas, supervisores, colaboradores, clientes) y, en ciertas ocasiones, en el entorno privado (pareja, amigo/as, etc.).
  4. Assessment Centers: Esta metodología consiste en la simulación de situaciones cotidianas en el trabajo —por ejemplo, una reunión destinada a alcanzar un consenso— mientras un observador especializado en inteligencia emocional evalúa comportamientos relevantes.
    Existe una forma simple de autoevaluar tu inteligencia emocional: realizar entrevistas personales con aquellos en tu círculo cercano que te conozcan bien. Considera hacerles las siguientes tres preguntas:
    – ¿Qué percibes y qué sientes cuando interactúas conmigo?
    – ¿Cuáles son los tres puntos fuertes que más valoras en mí?
    – ¿Qué tres aspectos crees que podría modificar para ser más efectivo?
    Mientras recabas las respuestas, es crucial ejercer la escucha activa, comportamiento que resuena con la empatía, una de las competencias emocionales más significativas.
Mujer empresaria haciendo mindfulness para mejorar su inteligencia emocional
Mujer empresaria en posición de meditación hacinedo mindfulness para mejorar sus habilidades de inteligencia emocional

¿Cómo puedes desarrollar tu inteligencia emocional?

«Gnosce te ipsum», aconsejaban los filósofos griegos: el conocimiento de uno mismo es el primer paso para desarrollar la inteligencia emocional. Comprender y gestionar tus emociones requiere, en primer lugar, ser consciente de ellas. En apartados anteriores, te ofrecimos algunas estrategias para mejorar el entendimiento de tu nivel de inteligencia emocional. Ahora, te brindaremos dos sugerencias específicas para cada uno de los cuadrantes de la inteligencia emocional:

  1. Autoconciencia Emocional:
    • Escribe un diario personal: Dedica un momento al final de cada día para reflexionar sobre los eventos significativos que hayan ocurrido y cómo estos han influido en tu estado emocional. Esto te ayudará a identificar patrones y detonantes emocionales.
    • Utiliza un rastreador de emociones: Actualmente existen aplicaciones diseñadas para ayudarte a monitorear tus estados emocionales a lo largo del día, permitiéndote visualizar tus emociones y su evolución con el tiempo.
  2. Conocimiento de los Demás:
    • Realiza preguntas más profundas y frecuentes: En tus interacciones diarias, esfuérzate por hacer preguntas que propicien una mayor comprensión de tus interlocutores. Esto no solo es una práctica de los individuos altamente emocionales inteligentes, sino también de excelentes negociadores.
    • Observa el lenguaje no verbal: Durante las conversaciones, tómate un momento para callar y observar con atención las expresiones faciales y los gestos de tus conversadores. Pregúntate a ti mismo qué emociones pueden estar experimentando.
  3. Autocontrol Emocional:
    • Practica Mindfulness o Meditación: Estas técnicas de entrenamiento mental están ganando popularidad gracias al creciente cuerpo de evidencia científica que respalda sus beneficios para el manejo del estrés y la autorregulación emocional.
    • Cultiva una visión positiva: Al finalizar el día, haz un recuento mental de al menos tres cosas por las que te sientas agradecido. Esto fomenta una actitud positiva y te ayuda a enfocarte en los aspectos positivos de tu vida.
  4. Habilidades Sociales:
    • Estudia a las personas influyentes a tu alrededor: Observa cómo interactúan, qué estrategias utilizan para persuadir y motivar a otros. Este aprendizaje observacional puede ofrecerte valiosas lecciones.
    • Moviliza a otros con tu entusiasmo: Usa tu pasión sobre proyectos futuros para inspirar y movilizar positivamente a tu equipo o a las personas dentro de tu entorno.

Conclusión

Potenciar tu inteligencia emocional no solo tiene el potencial de acelerar tu progreso profesional, sino que también mejora tus relaciones personales y tu bienestar general. La buena noticia es que estas habilidades pueden ser desarrolladas y afinadas con práctica y dedicación. En nuestros programas formativos, no solo nos centramos en las habilidades técnicas e intelectuales de nuestros participantes; también creamos espacios diseñados para aumentar la conciencia sobre sus competencias emocionales y sociales. A través de seminarios y talleres, brindamos las herramientas necesarias para que cada uno pueda cultivar y fortalecer estas capacidades esenciales.