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Objetivos de Desarrollo Sostenible: La cuenta atrás ha comenzado

Daniel Ortiz Llargués
  • Departamento de Sociedad, Política y Sostenibilidad
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El Periódico
7 de agosto de 2019

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Ocho de los nueve principales riesgos que deberemos afrontar durante los próximos años, según The Global Risks Report 2019 del World Economic Forum, están directamente relacionados con la sostenibilidad. En concreto, y en este orden, son los siguientes: episodios climáticos extremos; fallos de las medidas de mitigación y adaptación al cambio climático; desastres naturales; ciberataques; pérdida de biodiversidad y colapso de los ecosistemas; crisis del agua; desastres ambientales causados por el hombre; migraciones involuntarias a gran escala e intensificación de los conflictos. Es decir: excepto en el caso de los ciberataques, todos los principales riesgos, ya sean de naturaleza ambiental o social, están estrechamente vinculados con la sostenibilidad del planeta.

Ante este escenario, ¿qué rol le corresponde a la empresa? ¿Qué pueden o deben hacer las compañías? ¿Qué podemos esperar de ellas? De entrada, es preciso reconocer que, aunque las empresas no son el único actor responsable de la sostenibilidad del planeta (puesto que comparten protagonismo con los gobiernos, las instituciones públicas, la ciudadanía y la sociedad civil organizada), su impacto es absolutamente determinante no solo para el desarrollo económico, sino también para el equilibrio ambiental y el social. Emisiones de CO2 y de gases de efecto invernadero; consumos de agua, energía y materias primas; vertidos, reciclaje e impacto sobre la biodiversidad; condiciones laborales, formación y desarrollo profesional; gestión de la diversidad, respeto y protección de los derechos humanos, impacto sobre las comunidades y apoyo al desarrollo local; aprovisionamiento responsable y compra de proximidad; diálogo con los grupos de interés, transparencia, integridad, etcétera  son solo algunos de los casi infinitos aspectos directa o indirectamente afectados por la actividad empresarial.

Conclusiones sombrías

En segundo lugar, y puesto que la actividad empresarial es tan decisiva para el futuro de la humanidad, la cuestión más relevante es: ¿qué hacen las empresas en materia de sostenibilidad? ¿Cómo informan de lo que hacen y qué compromisos están dispuestas a asumir? O, dicho de otro modo: ¿cuál es su estrategia de sostenibilidad, si es que la tienen?

Recientemente se ha publicado el segundo informe anual del Observatorio de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), elaborado por la Cátedra Liderazgos de ESADE y promovido por la Fundació La Caixa, con la finalidad de estudiar el nivel de compromiso de las empresas españolas con los 17 grandes objetivos establecidos por las Naciones Unidas para el año 2030. Del análisis de las memorias de sostenibilidad de 169 empresas españolas cotizadas, correspondientes al ejercicio 2017, se extraen unas conclusiones ciertamente sombrías. Por ejemplo, en un contexto de escasa transparencia, en el que solo el 55% de las empresas analizadas divulga información no financiera, emergen datos como los siguientes: solo el 38% de las empresas cotizadas informan sobre su consumo de agua y solo el 36% sobre su consumo energético. Solo seis de las empresas estudiadas alcanzan el 40% de mujeres en posiciones directivas, mientras que el 60% de las empresas no llegan ni al 20%. Solo el 35% informa sobre su política de aprovisionamiento, el 25% sobre contratación de proveedores locales y un casi irrisorio 15% sobre derechos humanos en la cadena de valor. Se trata de cifras muy bajas, por no decir inaceptables, y que deberían hacer saltar todas las alarmas. Vamos contra reloj. La cuenta atrás ha comenzado, pero la gran mayoría de empresas todavía no se ha enterado y continúa actuando como si la situación de emergencia ambiental y social en la que nos hallamos no fuese con ellas.

El informe internacional Planeta Vivo 2016 publicado por WWF destacaba que “para satisfacer sus necesidades actuales, la humanidad está consumiendo una cantidad de recursos naturales equivalente a 1,6 planetas. De seguir así, en 2020 se necesitarían 1,75 planetas, y 2,5 planetas en 2050”. Es preciso transformar radicalmente los modelos de negocio, reinventar el propósito de las organizaciones a la luz de la Agenda 2030 e incorporar los ODS en el corazón de la estrategia empresarial. Ya no es posible continuar alegando ignorancia o indiferencia. Hay que promover con urgencia un auténtico cambio de paradigma empresarial, basado en la competitividad sostenible y responsable. El tiempo se acaba. Es preciso actuar aquí y ahora. 

 

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