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Una revolución mejor y distinta

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Grupo Vocentro
October 27, 2019

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El nuevo libro de Javier Gomá, 'dignidad' (escrito con minúscula), explora y define este concepto en la base de las democracias y fundamento de los derechos humanos. Es un texto preciso y elegante, que recupera un concepto al que el pensamiento no le había dedicado suficiente atención en demasiados años. A cambio, la dignidad humana por fortuna ha sido bandera política en muchos países y ha permitido, en palabras del autor, organizar no pocas sociedades alrededor del imperativo de dejar atrás la ley del más fuerte para proclamar la ley del más débil. En uno de los capítulos más originales del ensayo, titulado 'Tarde pero bien', se ofrece una reflexión luminosa sobre la entrada plena de nuestro país en la modernidad entre 1975 y 1978 de la mano de la monarquía parlamentaria. La tesis del autor es que se vivió una auténtica revolución, mejor y distinta, en la que se sustituyó de forma pacífica una soberanía personal, residenciada en el jefe del Estado, por una soberanía democrática, cuyo sujeto pasó a ser el pueblo. Fue la hazaña histórica del rey Juan Carlos -al que mi abuelo Areilza describió como «el motor del cambio»- y de una generación que supo tejer consensos, superar heridas y mirar al futuro. Ningún país de nuestro entorno ha conseguido esta hazaña en tan breve plazo y con una épica tan asombrosa y digna de imitación. Javier Gomá califica estos años de momento carismático y de epopeya. Casi cuarenta y cinco años después España es una democracia avanzada, según todas las clasificaciones internacionales, y aparece en muchos listados por delante de Estados Unidos, Italia o Francia.

Sin embargo, desde distintas sensibilidades políticas, hay una impugnación de la transición política, por mucho que haya permitido los mejores años de la historia de nuestro país. Tal vez se echan de menos las emociones fuertes y las utopías que no abundan en el día a día de un país convertido a la normalidad democrática. Una integración europea en horas bajas contribuye además a esta vida política en gris. La enorme complejidad en la gestión de lo público dificulta dar mejores explicaciones que conecten con las emociones y atemperen los miedos de algunos votantes. La buena política, en cambio, ha de servir para ofrecer visiones del bien común inspiradoras. Pero el vendedor de sueños debe ser muy consciente de que cualquier programa de transformación de la sociedad no puede llevarse por delante los cimientos de la convivencia. El rey Felipe VI lo recordó en un discurso admirable hace dos años, cuando se vivían momentos muy graves para nuestra vida democrática. En su mensaje pidió asegurar el orden constitucional, el único que garantiza el deseo de vivir en paz y libertad de la inmensa mayoría. Solo la reivindicación de los cimientos democráticos puestos en el trienio 1975-78 nos permite dibujar juntos el futuro.

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