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Continentales con flema británica

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ABC
October 7, 2019

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En la cuenta atrás del Brexit es difícil anticipar si Boris Johnson quiere llegar a un acuerdo in extremis o se contenta con poder presentarse a unos próximos comicios envuelto en la bandera y culpando a la Unión Europea por su inflexibilidad. Nadie sabe si el escenario después del 31 de octubre será de nueva prórroga o de Brexit salvaje. Con el fin de presionar a los negociadores en Bruelas, el primer ministro se niega a aclarar si aplicará la ley Benn que prohibe el salto al precipicio de la segunda economía europea. La propuesta de salida enviada por Johnson cambia radicalmente el enfoque de Theresa May sobre Irlanda, pero mantiene el importe de la factura y el reconocimiento de los derechos de los ciudadanos. A la hora de garantizar los acuerdos de paz de Viernes Santo, basados en la libre circulación en todo el Eire, Boris dibuja un modelo de ruptura barroco e incierto. El borrador propone durante cuatro años erigir dos nuevas fronteras económicas, una dentro de la isla de Irlanda y otra frente a Gran Bretaña, y se fía de la utilización de nuevas tecnologías para certificar productos y no construir aduanas físicas. Este esquema sería revalidado por el parlamento regional de Stormont, suspendido desde 2017. Bruselas no quiere entrar en el juego de adjudicar culpas y menos con el tiempo de negociación casi agotado. Combinando flema británica y principios jurídicos, los continentales señalan que las aduanas necesariamente generan fricciones y costes y que un parlamento regional británico no puede tener la última palabra sobre un asunto irlandés y, por lo tanto, europeo. La supuesta solución a corto plazo de Johnson esconde una ambición mayor: poner las bases de un acuerdo permanente de libre comercio con Bruselas, al igual que lo hizo Theresa May. La diferencia es que su antecesora contaba con el apoyo de Alemania en la construcción de un nuevo sistema de interdependencia. La capacidad de negociación de su sucesor es menor. Johnson todavía no ha ganado una sola votación en el Parlamento y los excesos de su estilo bronco le restan credibilidad.

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