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China bajo tensión económica

Jaume Giné Daví
  • Department of Law
    Member of Department/Service/Centre
Diari de Tarragona
March 17, 2019

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El 5 de marzo se iniciaron las sesiones del pleno de la 13ª Asamblea Nacional Popular (APN) bajo un clima de tensiones e incertidumbres económicas y geopolíticas. El primer ministro Li Keqiang resaltó la compleja y difícil situación interna e internacional que China afronta en 2019. En el plano interno, el Régimen comunista no esconde su preocupación por la desaceleración económica. La legitimidad política del Partido Comunista Chino (PCC) se sustenta en un exitoso y continuado desarrollo económico y social que ahora se está frenando.

El PIB chino, tras crecer un 6,6% en 2018, podía hacerlo entre un 6% y un 6,5% en 2019. Un menor crecimiento implica crear menos empleo. El paro se sitúa en un escaso 3,8%. Pero la fiabilidad de las estadísticas oficiales chinas sobre crecimiento, paro, déficits, etc. es discutida. El Banco Central de China anunció el 10 de marzo más medidas de estímulo para hacer frente a la desaceleración económica y seguirá la concesión de créditos, principalmente a las empresas, para favorecer las inversiones públicas y privadas. Pero el incremento del gasto acompañado de una reducción de impuestos podría incrementar el déficit público, mucho más tras anunciarse un incremento del presupuesto de defensa en un 7,5%. El contexto de nueva Guerra fría también planea sobre el noreste y sureste asiático donde persisten disputas territoriales con varios países vecinos en los mares de China que se suman a la gran obsesión china por recuperar Taiwán.

Pero los problemas internos no son solo económicos. El Régimen está endureciendo el control político sobre la sociedad china. La mayoría de la población, incluso los intelectuales, parece aceptar la propaganda oficial. El PCC, sin oposición política, controla un sistema educativo y todos los medios de comunicación para potenciar unos principios ideológicos y nacionalistas chinos que contrastan con los existentes en un decadente Occidente que pretende frenar la “reemergencia” de China como potencia mundial. Xi Jinping ha ido concentrando poderes exorbitantes en sus manos para controlar el debate interno dentro de la cúpula de un partido que antes solía tomar las grandes decisiones por consenso entre sus principales dirigentes. Un detalle que no debe pasar desapercibido. Los plenos anuales de la ANP se convocan en marzo para refrendar sin oposición las propuestas antes aprobabas por los plenos del PCC que suelen celebrarse en octubre. Pero esta vez no fue así. Ningún plenario del PCC fue convocado desde marzo 2018. Y el anterior pleno de la ANP eliminó el límite de dos mandatos presidenciales para permitir a Xi Jinping continuar largo tiempo como como el líder chino más poderoso desde la época de Mao. Xi Jinping presidirá la celebración del 70º aniversario de la República Popular China proclamada por el camarada Mao el 1 de octubre de 1949 en la plaza de Tiananmén. En la misma plaza donde, hace 30 años, tuvo lugar la trágica represión de las manifestaciones estudiantiles en la primavera de 1989. 

Pero las ambiciones hegemónicas de China provocan reacciones en el exterior. En primer lugar, EEUU desató una serie de conflictos comerciales con la segunda economía mundial. Las negociaciones entre Washington y Pekín prosiguen y se espera que, antes de finalizar el mes de marzo, se alcance un acuerdo muy necesario para frenar la desaceleración económica mundial. Pero el problema de fondo no es comercial. Estamos ante la carrera para lograr liderar los revolucionarios cambios tecnológicos del siglo XXI, como los derivados de la tecnología móvil del 5G. Es lo que subyace en la rápida pero descoordinada reacción de EEUU, la UE y de otras economías avanzadas contra la imparable expansión mundial de Huawei y de otros conglomerados que cuentan con el pleno soporte del régimen chino. 

También la UE se muestra alerta ante la penetración china en el continente europeo. Las inversiones chinas en la UE cayeron un 40% en 2018. Pero no se debe tanto a una falta de interés como a la decisión china de controlar drásticamente determinadas fugas de capitales chinos al exterior, la mayoría privados. Desde 2017, varios países europeos, entre ellos Alemania y Francia, ya adoptaron reglas para evitar que los conglomerados estatales chinos sigan adquiriendo empresas europeas en sectores e infraestructuras de alto valor tecnológico o estratégico. Y, a iniciativa de la Comisión Europea, el Parlamento de Estrasburgo aprobó, el 15 de febrero, establecer un mecanismo de control de las inversiones extranjeras en determinados sectores estratégicos.

Pero los recelos ante las inversiones chinas también surgen en otros continentes y países, especialmente entre los destinatarios de los proyectos desarrollados en el marco de las “Nuevas Rutas de la Seda”, otro ambicioso programa lanzado por Xi Jinping para cofinanciar infraestructuras que conecten el Imperio del Medio con el resto de Asia, Europa, Oriente medio y África. Algunos países han quedado altamente endeudados con Pekín tras la construcción de unas infraestructuras, no siempre necesarias y financieramente insostenibles. Islas Maldivas, Sri Lanka, Myanmar y Pakistán ya sufren las consecuencias. Y el primer ministro de Malasia Matahir Mohamed anunció en mayo de 2018, la anulación de varios proyectos debido al riesgo de sufrir una nueva versión del colonialismo.

La UE pretende evitar conflictos con China. Y desearía cerrar un Acuerdo sobre Inversiones en 2020 con el objetivo de poder dar una respuesta conjunta y coordinada europea al desafío inversor chino. Pero Pekín da largas porque prefiere alcanzar acuerdos bilaterales que debiliten la estrategia de Bruselas. Es lo que busca con las cumbres anuales del grupo “16+1” que reúnen a l6 países de Europa central y suroriental con China. Y el último éxito de Pekín: Italia será el primer país del G7 en sumarse al programa de las “Nuevas Rutas de la Seda” y firmará un Memorandum a finales de mes durante la visita oficial de Xi Jinping a Roma. Otra bofetada de Italia a Bruselas.

 

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