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Volver a lo pequeño

Liliana Arroyo Moliner
  • IIS - Institut d'Innovació Social
    pertany a servei, departament o centre
  • Departament de Societat, Política i Sostenibilitat
    pertany a servei, departament o centre
El Periódico
12 de novembre de 2019

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Ahora que vivimos entre empresas unicornio y pocas manos con grandes riquezas, he vuelto a abrir 'Lo pequeño es hermoso', de Ernst F. Schumacher. Un libro de 1973, publicado en plena crisis del petróleo, nacido para reivindicar una economía que sitúe las personas en el centro. No fue el primero ni ha sido el último, y por suerte cada vez hay más voces en ese sentido. Hoy, añadimos el planeta a la ecuación. Entre otras cosas, esto nos ha llevado a la emergencia climática que vivimos hoy. Como dice Vandana Shiva (filósofa ecofeminista), le hemos causado un desequilibrio metabólico al planeta por sacrificar los biorritmos del ecosistema del que formamos parte. Y todo en aras del productivismo y el crecimiento.

La ambición humana, igual que la imaginación, puede ser insaciable. Así que el decrecimiento suena como una de las soluciones. La analista económica Rana Foroohar en su último libro describe los paralelismos entre la crisis financiera del 2008 y algunos síntomas de burbujas frágiles en los gigantes tecnológicos. Al parecer, ambas crisis no están tan alejadas.

La cara más feroz del ansia por crecer la vemos hoy en el capital riesgo y las rondas de financiación. El sector tecnológico es el ejemplo perfecto: los gigantes de hoy, que nos parecen demasiado grandes para caer, al principio tenían potencial y riesgo a partes iguales. Pero las osadas inyecciones millonarias alimentan a la criatura bajo la promesa de un retorno diez veces mayor. Con todas las buenas intenciones que no dudo tuvieran al inicio en sus garajes, en el momento en que la rentabilidad se instala al volante, lo importante es acumular ceros, sin importar lo que rompas por el camino.

Favorecer la competencia

Lo contaba así Chris Hughes, cofundador de Facebook, quien abandonó el barco en el momento que vio que jamás crecerían lo suficiente para saciar a los apostadores. En mayo de este año escribió una carta abierta en el New York Times donde pedía que impidan el monopolio dividiendo la compañía. En Estados Unidos se hizo con el sector eléctrico o el petrolero, y se trata de exigir que las compañías dividan sus operaciones para favorecer la aparición de la competencia. La senadora y aspirante demócrata Elizabeth Warren lo tiene como primer punto de su campaña. No es nada descabellado si tenemos en cuenta que los gigantes tecnológicos ya no son oligopolios de un sector, sino que en realidad están empezando a penetrar en todos los demás. Pensemos en algo tan cotidiano como el coche: las ferias del automóvil en todo el mundo se han convertido en ferias tecnológicas.

Cuando lo grande se nos presenta como algo ingobernable, algunas nos refugiamos en la retórica de lo pequeño, lo cercano, lo humanamente comprensible. Va más allá de dividir a los gigantes. Ese giro en la mirada nos recuerda que necesitamos empresas que piensen en clave de ciudadanía y no de usuarios o clientes. Compañías de personas y para personas, que la responsabilidad no dependa de un área o departamento, sino que forme parte de la manera de funcionar.

Y en el momento que te parecen anhelos locos, el balón se llena de oxígeno cuando te sumerges en el mundo del Mercado Social y la economía solidaria. Ahí renuevas la esperanza de vivir en coherencia entre lo que piensas y lo que consumes. Claro que hay tomates ecológicos, pues claramente apuestan por la soberanía alimentaria. Hay también finanzas éticas, ocio, ropa, tecnologías libres o gestión de fincas. Comparado con la lógica del todo por crecer, la estrategia de lo pequeño es en realidad de una ambición gigante.

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