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ABC
22 de juny de 2018

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Los miedos a la inmigración pesan más en los electorados y en sus representantes políticos que las advertencias de los expertos en macroeconomía

Algo se mueve en el tándem franco-alemán para reforzar el proyecto europeo. Esta semana en Meseberg la canciller y el presidente han abordado la crisis migratoria y han relanzado los trabajos de rediseño de la moneda común. Solo consensos de mínimos, pero ojalá suficientes para crear una inercia. La Comisión ha secundado la jugada, convocando una cumbre informal el domingo con una decena de primeros ministros, en busca de acuerdos concretos en cuestiones migratorias: policía europea de fronteras, campos de acogida en terceros países, oficina de asilo de la UE. Será el estreno de Pedro Sánchez, dispuesto a ser tan europeísta como le permita un contexto de egoísmos nacionales. Las urgencias del fin de semana se deben a que Merkel necesita rehacer los puentes con la CSU bávara, en dura competencia con la ultraderecha en los comicios de octubre. La semana próxima el Consejo Europeo debería llegar a conclusiones más amplias sobre inmigración y moneda, pero entre 27 socios los acuerdos serán complicados. Una Italia gobernada por el populismo xenófobo y varios países de Europa Central, que ya no se identifican con la democracia liberal, no están por la labor de resolver los problemas migratorios de Alemania. Esto condiciona por completo la segunda parte de la ecuación, el desarrollo del euro, aún sin una Unión Bancaria terminada y sin una Unión Fiscal en la que se compartan riesgos.

Merkel y Macron han pactado la creación de un presupuesto de la eurozona, pero no su tamaño. El francés quiere convencer a su pareja política para crear una verdadera autoridad central capaz de atajar los shocks asimétricos que lleguen en el futuro. Habría que aprovechar el buen momento económico de la UE para dotar a la moneda de una caja de herramientas que la haga resistente a una nueva crisis. Pero los miedos a la inmigración descontrolada pesan más en los electorados y en sus representantes políticos que las advertencias de los expertos en macroeconomía. El test del liderazgo compartido de Merkel y Macron es estar a la altura de los desafíos mayúsculos que afronta una Unión tan deshilachada como necesaria.
 

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